María Antonia Munar: Te pido la guillotina.

María Antonia Munar, la princesa, la de las bragas de blonda parisina, la de las empresas financiadas con su firma, la de las empresas que emplean a sus afiliados, 250 de 4.000, la de las obras públicas que solo se pueden realizar con sus camiones, los que transportan el lignito para la central de Alcudia. La que un día pactó la tremenda trama de corrupción, Gabriel Cañellas, la del tunel de Soller. Ella, la criticada en las trastiendas, la vilipendiada en las tabernas. Ella, María Antonia, la Munar para el vulgo, pero la que despierta un silencio a su paso, la que en la isla de Mallorca es solo querida por sus prebendarios, por aquellos que han sido ungidos por su aceite de euros y decretos, ha caído hoy. Venganza mallorquina, es un plato que se sirve rojo, casi como la sobrasada. Un incendio de colores para la mente del lector y una verguenza perpetua para cualquier isleño honesto.

Hoy María Antonia ha caído, en el juzgado, voluntariamente uno de sus testaferros ha cantado, no se crean, no es nada personal, es que el testaferro lo hace para “preservar” cargos y dineros de sus familiares. Se esperan actos de contrición, arrepentimientos, recursos . . . y luego es posible que la nada disculpatoria más absoluta. Nueve casos del Unión Mallorquina, siete del PP: velódromos, túneles, prostitución, cocaína, dineros enterrados en un jardín, contratación de amantes. Los casos de Mallorca, si se tiene en cuenta su escasa extensión sobrepasan cualquier medida. Por eso, después de tanto tiempo María Antonia nos hemos hartado y quien escribe decide y propone, aún a riesgo de ser (cuánto nos gusta) incorrectos que te deseamos el mismo final que a María Antonieta: una buena guillotina en la plaza pública de Palma y el vitoreo del pueblo encendido en cuanto tus amigdalas caigan al parterre de la plaza de la catedral. Solo que en tu caso la cuchilla te la dejaremos escoger: ¿Dolce?, ¿Gucci?, ¿Armani?. Seremos magnánimos y te dejaremos escoger, solo nos interesa tener la sensación de que te hemos quitado aquello que te permitía robarnos: la cabeza.

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