Postal para el uno de mayo: Bocas compradas.

Viene de lejos, su población natal está a más de 400 kilómetros, pasará aquí casi un año. De sol a sol, lejos de los suyos, lejos de sus hijos. No verá los colores de su casa, ni de su aldea, no olerá aquellas mañanas de siempre. Aquí no las hay. Duerme hacinada en un barracón, con una bolsa con todos sus enseres, con 80 compañeras más. Pero sabe que no hay salida. Su empresario las ha alojado en un pueblo abandonado y derruido de una provincia central de la China interior. La luz les llega a través de los boquetes de las casas derruidas, al raso, donde están instalados lo que alguien llama talleres. Con barro, sin agua corriente, en el peligro continuo de la electrocución o el derrumbe.

Casi a sangre y casi a fuego, el fuego del dolor corporal y el sacrificio, como aquellos primeros campesinos que a inicios del S. XVIII se amontonaban en los suburbios de las grandes ciudades industriales nacientes. Aquí ya nació todo: el mercado, la crisis, la recesión . . . ya se vivió todo, pero para que este sistema, que nos están obligando a financiar, “funcione”, al parecer hay que hacer esto, hay que tolerar esto, hay que vivir así y buscarse una religión que a uno le justifique cuando cortando el pan se le ocurra que la barra que corta es el cuello de quienes le empujaron a la cueva miserable. Y en paz hermana, seguirás igual de buena ante los dioses, verás como sigues agonizando y tu única alegría es pensar que tus hijos algo se llevaron a la boca. La boca es aquello que una vez sirvió para denunciar, para unir, para luchar y mejorar, para dejar de ser esclavos, cuanto menos, de la autoconmiseración. Se me olvidaba: el uno de mayo es una fiesta pasada de moda, los tiempos cambian, ¿seguro?. En todo caso aumentan las bocas compradas que se cerraron para nunca jamás volver abrirse.

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