¿Y quién maneja esta barca contra los escollos?

El premier británico, Cameron, acaba de anunciar una serie de medidas económicas durísimas para su país. En una intervención severa ha anunciado que “Va a cambiar profundamente el modo de vida” de sus ciudadanos y asegura que dichas medidas comportarán el retraso de “varias generaciones” en cuanto a “logros sociales y protección del ciudadano”. A simple vista este no es pues un lunes de resurección de la esperanza. Por un lado Cameron se descuelga anunciando ahorro, más pobreza y desprotección social.

Angela Merkel anuncia una serie de impuestos que, leyendo la letra menuda, están todos por pactar. A simple vista parecen espectaculares como el impuesto a las centrales nucleares y el cambio del fondo de ahorro para pensiones e incluso parece memorable la creación de otro fondo para preveer nuevas crisis bancarias. Pero leyendo la letra minúscula resulta que el fondo no es para proteger al estado de las crisis de entidades financieras, sino todo lo contrario: un fondo para seguir ayudando a los bancos.

Mientras, aquí, en el país de los brotes verdes, nos aseguran espárragos para todos los meses del año se prepara una huelga simbólica contra las medidas del gobierno, decimos simbólica porque las reivindicaciones no van más allá del “me quejo por mi bolsillo” con lo cual se quedan todos exentos de hacerse la gran pregunta: ¿Quién maneja esta barca desalmada que nos lleva desde hace un año a los escollos? Parece que en eso están todos de acuerdo en el silencio. Lo más preocupante es que si un mandatario asegura que su país va a entrar en una barrena de palos sociales y económicos sea incapaz de explicar el porqué y el como, el nadie lo sabe es un argumento recurrente que recuerda la falacia de “el mercado global se autoregula”, y así nos ha ido a todos.

Lo más desmoralizador de todo ello es que uno, después de relerse las páginas económicas de los suplementos del domingo se encuentra con distintos discursos que convergen en un elogio preocupante: el modelo asiático y en especial el chino. La fascinación es tal que ya nadie se acuerda de todo aquello que le reprochaban al modelo chino: las jornadas extremas, la inexistencia de garantías sociales, la desprotección, el empleo al raso de cualquier derecho. Y concluyo que eso es lo que pasa: reducción de derechos, despido libre, ausencia de garantías sociales, de medidas de salubridad en el trabajo. O sea: ahora resulta que la pasión de China nos corroe, o mejor dicho: corroe a nuestros gobernantes. No conocen el I Ching, ni a Lin Piao, ni el mandarín . . . lo único que les importa es que si esto se chiniza seguirán ganando, ganando, como una especie de Mourinhos de la economía, es decir: no importa el como. Y les mando una última joya: el gobierno griego ha hecho un encargo de goletas, buques militares y aviones de caza a Francia y Alemania. ¿Es esto loque están pagando en Grecia sus ciudadanos? Pues sí, no les quepa duda. Y me pregunto lo mismo que Remedios.

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