Por alusión a los huevos.

Nos vemos obligados, nos sentimos impelidos por la llamada de los ancestros, a opinar sobre cualquier cosa que trate de huevos. Y esto viene al caso de una noticia de doble, con un par, implicación de huevos. El novillero mexicano Christian Hernández rechazó lidiar los dos toros que tenía contractualmente comprometidos en una plaza de México. Se negó a matarlos debido a las condiciones de la plaza, embarrada cual pantano, y no sabemos porque razón más. Literalmente declaró: “No tengo huevos de matarlos”. Sin duda el hombre no actuó cual huevudo y decidió poner fin a su carrera, simbólicamente, cortándose la coleta de torero en la propia plaza.Desde aquí queremos significar este bello gesto, que ni que sea por una vez, humaniza la Fiesta Nacional, si por ello se entiende correr un morlaco a pinchazos hasta que se le desangra en el albero. Tremenda tentación que se cumplió durante la guerra y que acabó con algun torero metiéndole estoque a cuatro prisioneros entre la algarabía golpista o republicana. Qué más da. Unos acusan a Manolete, otros a Rafael El Gallo. Existieron las “dos españas” también en el ruedo.

Por ello loamos a Christian Hernández de que su gesto, en un país tan presuntamente macho como México decida que aquello era una locura. Hoy la prensa lo acusa de “no tener huevos”, pero es que él mismo ya lo dijo. Sin duda este incidente nos abre una nueva e interesantísima visión de la fiesta. Más allá del paquete atiborrado de carne o algodón, de la taleguilla y los pases al natural se demuestra que en la Fiesta hay gente sensata que usa el coco. Y dándole la vuelta no me dirán que no es tener una docena de huevos dejarse vencer, con paz y alegria, por el miedo, el acusatorio dedo de la justicia y el más infame de todos, el de saber que te señalaran desde la acera de enfrente con un dedo acusador mientras suena lo de: “Ahí va el cobarde que no tiene huevos de matar al toro”. Gracias Christian, seguro que algunos son capaces de ver una buena cuadrilla de gais que amenazan con pervertir esa fiesta perversa.

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