Pasillos de Bruselas, madrugada hacia nada.

Un pasillo puede ser un corredor sin retorno atrás, nadie sabe que puede esperar al final y aunque haya una idea vaga de que se sabe a donde va la incertidumbre campa en los rostros y desautoriza cualquier perspectiva optimista. Ahí están los presuntos salvadores del euro Angela Merkel (Alemania) , un tal Sarkozy (Francia) y Jean Claude Trichet el presidente del Banco Central Europeo y patrón del euro. Por su rostro podemos deducir a simple vista que las cosas no van bien. Pero qué quieren que les diga, pienso que bien podría ser una representación teatral, una comedieta sarnosa: hay que poner cara de drama, de gravedad, de estar trabajando mucho . . . pero somos tantos los que ya nos preguntamos para quién, quiénes o qué trabajan que uno no duda en pensar que Merkel es un agente del Deustche Bank, Sarkozy un muletilla de las agencias de clasificación de deuda que nos ahogan semanalmente y Trichet el conserje de la llave de la caja y el espantapájaros que reluce ante la prensa.

Ellos están donde están porque un día decidieron creer el sueño idiota y trágico de ser estadistas y tal vez saben, suficientemente, que son los limpiaretretes del sistema económico. Sí, aquel mítico capitalismo que se “autoregulaba” en un mercado global y que ahora se presenta a cobrar las dietas de sus dispendios en la orgía del déficit en el que todo lo sumieron. Pero no acaba ahí, deben darle la puntilla al bienestar social. Todo con tal de que les salgan las cuentas a los de siempre. De ahí su cara de vinagre, su paso semidecidido hacia no se sabe donde, en su mirada crece la duda; no la duda de lo que están haciendo, sino la duda de si los vamos a creer. Por supuesto que no.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *