Ousferrats
26jun/100

Psicosis: cincuenta años de terror.

El caserón perdido en la colina y el motel a pie de carretera regentado por una madre viuda. Un hijo adolescente que vive atormentado entre la autoridad materna y su obsesión de agujerear las paredes para espiar a los clientes. Un lugar próspero en una época en que el milagro americano corría de verdad y aunque hubiera guerras el país funcionaba mejor. Tal vez todo era así una década antes del momento en el que arranca la película, supongamos.

Una mujer que se viste en un apartamento de la gran ciudad y nos evidencia  adulterio, toma su coche y emprende el viaje. Un polícia que ha vuelto loco a los estudiosos del cine de medio mundo sobre qué ocurre cuando la cámara toma un plano próximo de alguien con gafas de sol. Y luego el motel al que llega Janet Leigh, el extraño encargado de mirada en el suelo, escrutadora cuando se alza, pero siempre, siempre reservada, escondiendo algo. Nada hace presumir que la muerte en la ducha de Leigh no pondrá fin a una mera entrega de resolución del guión. A partir de ese momento se consolidará la maestría de Hitchcock. La mujer de la ducha acaba de robar cuarenta mil dólares y se debate entre devolverlos o no devolverlos. Hasta ese momento han pasado demasiadas cosas. Pero nada hace preveer que va a pasar, es el juego maldito del genial director con el espectador. De repente parece acabarse todo en la ducha, agua, sangre y purificación; una escena que hizo y aún hace caer los ingresos de la industria de cortinas de baño. Pero la señora Bates es una anciana insoportable, siempre fue una madre castradora y una harpía.

Años más tarde, en una entrevista el propio Hitchcock aseguraba que la semilla y origen de nuestro terror estaba en nuestra propia madre. La peluca y la sombra del cadáver de la ex dueña del motel, la bombilla agitándose en el techo, la mueca casi sonriente de su calavera. Un coche saliendo del lodazal y una impagable escena final de Norman Bates en comisaría hablando y gesticulando como su propia madre, incapaz de moverse para ahuyentar a una mosca. Decididamente Psicosis nos inyecta una bacteria del terror aún muchos años después de verla y es todo un monumento sobre el que el cine posterior ha copiado y mal en multitud de proyecciones. Sigo sin poner la cortina en la ducha, es un terror que se acrecienta cuando damos con un hotel sencillo, de bañera pequeña y cortina plastificada, no lo podré superar. ¿Y ustedes?

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