Ousferrats
14jul/102

El fútbol como botellón fascista.

Puede ser una feliz coincidencia para algunos o una indigestión de autoritarismo para otros, pero estos días han coincidido dos hechos que merecen reflexión: de un lado la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Catalunya y de otro la victoria de la selección española de fútbol en el mundial de Sudáfrica.

La retórica desplegada por los medios de comunicación alrededor de la "roja" ha sido del todo empalagosa y apabullante, cuando menos para aquellos que no muestran, que son muchos, su interés por el deporte de la pelota. "Podemos", "nosotros", "todos", "un sueño" empleado a tutiplen y sin ambages ha generado un ambiente punitivo en el cual no se podía estar en ningún lado, solamente al lado de la selección. Lo más preocupante es el uso de un plural que calificaríamos de acusatorio por cuanto en el mismo hecho de pluralizar se excluye cualquier otro tipo de opinión o sentimiento. No había matices, solo uno, la "roja". Ya saben nuestros lectores que nos gusta hincar el bisturí en lo verbal, máxime cuando la campaña está lanzada a todos los medios, a los cuatro vientos y con la feliz idea, conseguida, de convertir el país en un gran hiperbotellón que además está bendecido por el hisopo de los obispos económicos vaticinando un aumento del producto interior bruto y del consumo en un 0,7% superior a lo estimado.

Tenemos pues la campaña chusca en marcha y tenemos cerebros que la catequizan en las alturas, pero ¿Cuál puede ser el próximo paso?. A priori puede ser sencillo, se trata de repetir el esquema con otros contenidos. Se acuerdan de la campaña de Repsol de 2004 "Somos azules" coincidiendo con el gobierno del PP. Los resultados han lanzado a la calle a la gente empuñando banderolas y banderas, gallardetes y el grito de orgullo o de perogrullo innecesario "Yo soy español, español, español . . .". Ciertamente ahí puede residir una de las claves que fascistizan la campaña, de una parte una afirmación pública de nacionalismo en un país con muchas autonomías y distintas lenguas, un lugar donde el exceso de afirmación hace dudar de la supuesta unidad del sentimiento, pero ahí estaba, ágil como el rayo después de cuatro años, el Tribunal Constitucional para sentar sentencia sobre "... la indisoluble unidad de España". Y como en otras ocasiones el nacionalismo vuelve a ser provinciano y fascista.

Todo ello no desmerece el excelente y superior juego de la selección española, potenciada por el juego de la escuela de la Masia del Barça, un juego, recordemos que ha sido denostado precisamente por quienes hoy aúllan sus maravillas. Un estilo que habían calificado de tiki-taka, de "lo importante es ganar", "meter goles", "ir directo al área". Pero el Mundial nos ha dejado más elementos que analizaremos en un segundo post. Se cuece un callejeo y un botellón que puede ser manipulado de forma demagógica por la derecha y ese es su estilo.

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  1. Tengo una duda: ¿si se dice “yo soy catalán” hasta la saciedad es la respetable reivindicación de una identidad nacional pero si se dice “yo soy español” es apología del fascismo? Esto huele a doble rasero, ejem. Y lo dice un vasco…


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