Ousferrats
24jul/100

Amanece en el valle de Echauri.

Son las siete, a esa hora el valle duerme lo justo, hay quienes ya le han echado un pulso al amanecer y llevan más de una hora trabajando. La fresca aun domina entre los resquicios de un sol cada vez más atrevido. Ayer paseamos entre los trigales descubriendo los que estaban a medias, curioseando en los que ya estaban desbrozados, advertimos a muchos halconcillos dando un garbeo. Cuando se levanta el trigo debajo hay vida pequeña: roedores de varios tipos, crías despistadas de codornices y otras aves igual de limitadas, en cuanto a celeridad, y ese es el dominio de las rapaces.

Hemos pasado un día anterior fantástico, como siempre, en casa de Luis y Nanna. Genial sitio, impresionante y especial, no solo por la estructura Le Courboisier de la casa; que también, sino por el cariño y el calor que da el reencuentro con amigos a los cuales las distancias, en lugar de separar, aumentan las ganas del reencuentro. Charlar en el frontón, la placeta, entre esas dieciseís casas, es un lujo. A medio camino de Galicia siempre solemos desviarnos para añadir un día más a la larga lista de nuestra amistad. Comparamos, recordamos, nos reímos y encanecemos súbitamente al recordar el nacimiento de los hijos y ver que vamos a doblar décadas.

La mañana, siempre sorprendente y cuajada de luces horizontales, las que mejor detallan según Napoleón, nos sirve para presenciar el majestuoso vuelo entre trigales de grupos de palomas que buscan su grano. Al fondo el tractor no para, recoge y empaca.

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