Ousferrats
30jul/100

Con Borges en la Bombilla.

Voltear en Iberia tiene estas cosas y a sabiendas de ellas reincidimos siempre que el azar lo permite. Coruñear es un deporte interesante asociado a la canícula. La plaza de María Pita, el puerto imponente, La Coruña casera de Riazor con tortilla y toalla. Es una explosión de los días de sol y calor, escasos aquí, que se reflejan en sus imponentes galerias de las casas tradicionales. De toda esa ruta hay una parada siempre obligatoria: el bar café La Bombilla, casi las tapas más sabrosas y baratas de España. En la repisa se amontonan bandejas de pasta de croquetas puestas a enfríar al margen de cualquier normativa comunitaria. Si usted no pide tortilla de patatas el camarero no le mirará bien, no cabe en la cabeza de nadie pasar por aquí y no probar su tortilla.

Suele estar atiborrado de clientela que comparte empujones y alguna que otra mancha de ensaladilla rusa con alegría. El vino de Mencía o Ribeira Sacra es aqui santificado y no se lo tomará usted sin que le haya pedido, el mismo camarero la opinión. Abrimos los ojos y las orejas: los diálogos no tienen desperdicio, es como una Coruña antigua, sin prisas y que dialoga en altavoz y respeto.

En esta ocasión lo más sorprendente fue encontrarnos una especie de émulo local del mismísimo Jorge Luis Borges. Hombreton altísimo, pelo blanco hacia atrás y vozarrón imponente. Apoyado en su bastón se ofrece postre de brandy y nuevo paquete de tabaco con cafetito incluido. Atruenan sus consonantes, se mesa el cabello, guarda pausas apoyado por entero en el bastón, levanta la cabeza y espeta a la muchacha de turno un "Que buena estás hija, qué bien lo tienes todo", que de sincero queda disculpado al instante. La Bombilla nos asombra siempre por su clima y sus personajes. Ayer comimos con el otro Borges y eso solo es posible en A Coruña.

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