Se busca nuevo escenario de guerra para Oriente.

No desentrañamos nada nuevo si sugerimos la posible sospecha de que un conflicto a gran escala, una guerra, que ayude a poner la crisis mundial sobre raíles de productividad. La guerra ha sido siempre un desencadenante económico de primera magnitud del cual se han beneficiado directamente las primeras potencias. Por ello sorprende un doble anuncio paralelo de los EEUU. De una parte Barack Obama asegura la inminente retirada de tropas, en combate, en Irak. A su vez aclara que se quedaran 60.000 efectivos para adiestrar al ejército iraquí. Así respiran tranquilos los prebostes americanos proveedores del ejército, Irak seguirá generando una factura que no podrá pagar como no sea con crudo. El coste de un soldado americano en la zona puede superar los 1000 dólares al día. Haliburton y otras empresas que sirven al ejército pueden respirar en paz. Irak seguirá generando ingresos. Pero no hace falta ser ningún halcón pentagonal para ver que la factura bajará, a tal efecto hay que abrir nuevos frentes de guerra. La “amenaza” iraní es una momia que cuando interesa se desempolva para crear yuyu social y no es broma, acuérdense de cuanto ocurrió con la amenaza de armamento químico de Saddam y el porqué debían de ser invadidos.

Los resultados de la invasión iraquí están a la vista y no nos confundamos sirven completamente a los intereses del estado de Israel: El país ha quedado troceado en tres zonas de claras adscripciones religiosas entre las que destacan los chiitas y los suníes, además de otras adscripciones menores en intensidad social pero igualmente ruidosas y conflictivas. Trocear Irak en tres partes ha sido el objetivo de los servicios secretos americanos e israelíes empeñados en presentar una guerra civil religiosa como elemento de fragmentación del país. Se ha conseguido a base de terrorismo, manipulación y desenterrar viejos conflictos. Pero ¿Cuál es el siguiente escenario que Irak nos va a deparar?

Pues de momento más de lo mismo: azuzar la conflictividad religiosa, seguir alentando un gobierno de cartón y armas aunque en realidad no tendrá ningún control del país y las tensiones seguirán siendo controladas por la asamblea de notables de las distintas ramas étnicas y religiosas, complejísimo. En este paisaje las miradas del Pentágono hace tiempo que tienen ganas de desplazar el eje de tensión en Oriente hacia Irán. Ya fue una primera tentación de Bush y sigue siéndolo en la de numerosos dirigentes ultraconservadores norteamericanos. Obama ha contenido de momento la idea. ahora Estados Unidos defiende desesperadamente como último recurso a un Gobierno shií teocrático, aliado potencial de Irán, al tiempo que amenaza con bombardear a un Irán que se rearma a marchas forzadas.

Y, mientras, el ejército americano construye fuerzas especiales mayoritariamente kurdas que pueden generar el principio de una guerra de guerrillas en la frontera con Turquía, el principal aliado de Estados Unidos. Memorable. Por otra parte el desgaste americano en esta guerra ha sido mucho más elevado que el de las simples cifras de soldados muertos y el rechazo social relativo que genera en el país. Por su parte Irán lo empieza a poner a huevo con una escalada autoritaria de Ahmadineyad y los líderes de la “revolución” islámica que destrono al Sha y que culminó con la fortísima represión estudiantil de enero pasado.

El anuncio es claro: “Se busca guerra, escenario en mal estado que permita primero destruir y luego reconstruir, abstenerse planteamientos pacíficos y humanitarios, beneficios asegurados”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *