Doblando el faro Vilano.

Tiempo ha que esperábamos esta singladura: asomados a ese Atlántico mágico y terrible, luminoso y absorbente, embriagador, la costa era nuestro lugar de cita con el monstruo. Pero de esta costa recortada y abrupta, célebre por sus naufragios y bellezas, nada nos ha atraído tanto como el Cabo Villano, Vilano en galego, y su impresionante faro. Los dos promontorios rocosos que prolongan el cabo mar adentro son un hito en la Costa da Morte. Desde tierra su estampa es deslumbrante y singular.

Tantas veces nos hemos conjurado ante este abismo de 80 metros sobre el mar que echábamos en falta visitarlo por el mar: otra perspectiva, otra imagen imponente. Desde tierra el cabo es un perfecto Moai jorobado. Desde el mar nos ha seguido impresionando. Por fin hemos conseguido salir de nuevo a mar abierto y navegar en el Ruffian, un velero de 14 metros patroneado por un lobo francés Eric y su tripulante incansable Christine. Una tarde con olas enanas de 1,5 o 2m salimos a peinar las olas, fue una maravilla. Les ofrecemos momentos que nos cautivaron.

El cabo llega hasta el extremo izquierdo, en sus dependencias dos redactores dels Ous Ferrats realizamos una muestra fotográfica y literaria en 2009.

La zona de mar exterior nombrada como Vilán da Fora tiene la pose de un monstruo viejo y altivo que contempla el paso del tiempo y desafía el erosionante nordés o viento del noroeste. Debajo otra perspectiva pero esta vez desde tierra.

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