Joan quería vencer a la Muerte.

Inculpado tras su declaración,la historia de Joan V, un celador de la residència geriátrica de Olot, merece una atención especial. A él no le hemos oido, pero las informaciones iniciales aseguraban que el hombre declaró a los Mossos d’Esquadra que asesinó a una de las residentes “porque me daba pena”. Mosqueada, la muchachada policial catalana investiga otras muertes en el mismo centro. Se insinua un segundo caso y se afirma que probablemente se destapen más. Los familiares de otra residente fallecida, pendiente de autopsia, aseguran que no es posible que haya muerto asesinada, en todo caso la autopsia lo determinará.

Al parecer la mujer, de cuya muerte se autoinculpó, falleció por ingerir un producto tóxico altamente abrasivo. De confirmarse se hace complejo entender como se puede matar a alguien para que no siga sufriendo, pero por un procedimiento horrendo: manzanilla con lejía, pasta dental con mataratas, buñuelos de estabilizantes desautorizados, bollitos de nicotina . . . bueno, no es complejo, es patológico.

El caso viene a recordarnos aquella memorable y entrañable cinta española: “Justino, un asesino de la tercera edad”. En ella un puntillero de la plaza taurina de Las Ventas, ya jubilado, planeaba una huida al mar con sus compañeros de jubilación. Las respectivas enfermedades frustran las expectativas y Justino, el más entero y vigoroso los va eliminando con su puntilla para olvidarse del sinsabor del destino: ver a sus compañeros a las puertas de la Parca como fiel avance de lo que, inevitablemente, iba a sucederle.

Pero más allá de todo esto deberían ustedes de ser comprensivos con el afán homicida que parece atacar a muchos en la edad última. Se sabe que la muerte siempre es vencedora, es inevitable, pero el hecho mismo de matar antes de que ella se presente es un desafío osado; una última muestra de poder antes de rendirse impotente a su llamada. No tiene movil, ni ventanilla, no da hora, ni cita, es cuando ella quiere. Con un grupo de beódos desconocidos, practicamente, celebrando los cincuenta años de una amiga de las de verdad fantaseamos sobre como acabar nuestra vida antes de que la Parca nos llame y haciéndolo coherentes o restablecidos con nuestras ralas ideologías juveniles y laspropuestas fueron maravillosas y contribuirían a limpiar el panorama nacinoal. Un día se lo contaré seriamente. Mientras desconfien ustedes de cualquier tisana entregada por desconocidos, denle las patatas del bistec a su perro, busque un inspector de Hacienda que beba antes de su horchata. Esto parece plagado de gente empeñada en tener más poder que aquella que nos viene a buscar solo una vez y luego ya es para siempre. Nos acercamos a la fiesta de los muertos.

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