¿Quién paga los pastellillos del Tea Party?

Hace meses que la derecha española fantasea y empieza a concretar un movimiento del estilo Tea Party como forma de presionar a la cúpula del PP ya que consideran que la posición “relajada” de Rajoy y Cospedal es insuficiente para acabar con Zapatero. Pero la etiqueta de Tea Party va más allá de reuniones de amas de casa para recoger unos dineros para la iglesia o para discutir sobre las fiambreras Tupperware. Según el diario El Mundo esto es el Tea Party:

“El Tea Party es un movimiento formado por una constelación de agrupaciones locales de ciudadanos unidos por su oposición a la agenda de Obama, pues temen que si el presidente se sale con la suya eliminará algunos principios y valores básicos de los EEUU. En concreto, consideran que proyectos como la reforma sanitaria, o el paquete de estímulo económico pueden desnaturalizar el sistema económico de los EEUU, basado en el libre mercado, y acercar el país al socialismo, además de dejarlo en bancarrota. Ahora bien, el movimiento tiene un componente emocional tan importante como el político, y que es resultado de los miedos e incertidumbre que generan la globalización, la crisis económica, y varios cambios sociales que vive el país.”

Ustedes podrian estar de acuerdo o no, tomarse un té con ellos y ellas o conservar, hermosa palabra, las esencias de la Patria y los principios dentro de una de sus fiambreras y ponerlas al frío de la tradición. Sus influencia en la sociedad norteamericana empieza a ser considerable ya que reciben un 20% de apoyo de la población. Su objetivo es un negro comunista llamado Barack Obama al que pretenden comer terreno créandole un tsunami de marrones. Bueno, pues hasta hoy uno creía, que, efectivamente, la extrema derecha tiene su derecho a la existencia. Resulta que hurgando en la red me doy de bruces con un artículo de Andy Robinson en La Vanguardia que nos explica quién pone el agua, el azúcar, el té y las “pastitas” :

“Organizaciones ultraconservadoras como Americanos por la Prosperidad o Freedom Works son los intermediarios. “Pueden parecer elecciones pintorescas, pero esto va muy en serio; van a llegar a Washington cientos de candidatos que niegan la ciencia”, advirtió Brenden Demelle, de Desmogblog, que proporciona análisis para contrarrestar la desinformación sobre el cambio climático.
Encabezadas por Exxon Mobil, Conoco Phillips, Chevron, BP, y la menos conocida Koch Industries –propiedad de dos hermanos multimillonarios patrocinadores del Tea Party–, las empresas de energía han dedicado una cifra astronómica de 453 millones de dólares (325 millones de euros) a las actividades lobbistas en los dos últimos años, con el fin de convencer a miembros de la Cámara y senadores para que rechacen las medidas para reducir emisiones.
Según la oenegé Climate Action Network (CAN), una decena de multinacionales europeas –entre ellas las alemanas EON, BASF y Bayer, y las francesas Lafarge y GDF-Suez– también han aportado dinero que ha financiando senadores que han bloqueado las iniciativas legislativas de Obama. Ocho empresas europeas han regalado 306.000 dólares (unos 220.000 euros) a una veintena de senadores, el 80% de ellos, responsables de votar en contra de la legislación para reducir emisiones.

Supongo, que ni por un momento, habrán relacionado estas informaciones con el nuevo cargo de Jose María Aznar, quién como presidente del Gobierno de España, certificó el protocolo de Kyoto para, más tarde empezar a poner en cuestión el calentamiento global. Como tampoco creo que se habrán preguntado qué hace el gobierno de Europa ante esas multinacionales europeas que se han dedicado a financiar la obstrucción a las leyes de emisión de CO2 de Obama. Ya saben, cada vez, en adelante, que les inviten a un té pregunten quién paga las pastitas y sabrán de que mal han de morir.

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