Benedicto, el señor Hereu y unas cuantas mentiras.

Las perlas que ha dejado la visita de Joseph Ratzinger, el papa exnazi, en España atentan claramente contra varias libertades: la de cultos, la de la organización social y los derechos más elementales de la mujer. El mensaje de Benedicto no sorprende a nadie, sus colmillos afilados hablan por sí solos del bocado que el Vaticano pretende hincar en España. Son las consecuencias de la tibia política de los sucesivos gobiernos para una religión que tiene en el centro de línea de su actuación la inestabilidad preconcebida. Sin duda los 200 manifestantes morréandose al paso del convoy papal demuestran algo que la prensa que huele a cirio pretende encubrir. La visita no ha tenido el efecto esperado. Incluso les diremos que en Barcelona se dejó entrar sin invitación a muchos mirones dado que se acercaba la hora de paso y había muchas sillas libres.

Pero agitar el fantasma anticlerical, pedir al estado un mayor soporte legal y financiero para la familia tradicional y recordar a la mujer que debe seguir impulsando el hogar, los hijos y el trabajo es, realmente, de un cinismo que parece ignorar la sociedad española de hoy, que al igual que la europea no precisa más doctrinas sino una amplitud de miras sociales que la crisis económica no permite contemplar. En pleno retroceso de la lucha por la normalización de la vida de la mujer solo hay que ver el acto papal de la Sagrada Familia para ver que papel le siguen dando en el Vaticano a las mujeres: salieron unas monjitas a limpiar el aceite del altar que se acababa de uncir y a poner el mantel para celebrar la Santa Misa. Momento más simbólico, de lo que reserva a la mujer la tradición católica, no existe en toda su visita. Penoso.

En otro orden de cosas y al margen de animar tertulias sesudas numerosos periodistas desplazados se quejaron de las brutales medidas de seguridad, aseguran no haberlas vivido en ningún viaje del Santo Padre de todos los cristianos. Por ahí perdieron aceite nuestros políticos y aún más cuando las proyecciones de ventas y del prestigio de la ciudad se pusieron “al nivel de unas olimpiadas”, cuando es harto sabido que la visita de la F1 a Montmeló genera seis veces más que el movimiento vaticano. Todo era para justificar el gasto, el boato y la pompa exagerada a la que se prestaron. Barcelona ya es un parque temático para delicia de guiris, en todo caso la basílica será un añadido, una simple atracción más para completar el recorrido gaudiniano o devoto. Señor Hereu: Ya tuvimos bastante con el pegote de los JJOO de invierno, el referéndum manipulado del tranvía en la Diagonal o un Fórum de las Culturas que se cae a trozos y no sirve para nada. Y saben que podríamos seguir con la privatización del suelo de aparcamiento o las mafias de su propia oficina en el caso del hotel del Palau . . . o la concesión corrupta de autorizaciones para apartamentos turísticos. Yo de usted me iría a vivir a Trípoli, no le echaremos en falta.

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