Algun día lloraré sobre el Río de la Plata.

Siempre era de noche, tal y como lo resume este testimonio. Nos enteramos muchos años más tarde. En el mundo milico, militar, de Buenos Aires era un rumor a medias. Años más tarde se pudo confirmar:

Oficiales y suboficiales llevaban a los prisioneros en furgones cerrados con destino a aeroparque. Antes de llegar a la vía había una entrada guardada por efectivos de Aeronáutica. Estos traslados tenían lugar de noche. Al llegar recibían una inyección, se les decía contra las fiebres. Eran somníferos que venían en paquetes con etiquetas del Ejército. Los prisioneros eran embarcados a bordo de un avión Fiat Albatros. Después de quince minutos, ya dormidos, eran desnudados. Luego de media hora eran arrojados al mar a la altura de Mar del Plata”.

La terrible represión de la dictadura argentina tuvo episodios como el que aquí se narra. El autor y ejecutor intelectual de los mismos. A Eduardo Emilio Massera le apodaban el “negro” o “cero”. Sus órdenes eran el centro de la represión que desde 1971 ejerció la dictadura de Jorge Rafael Videla. Todavía, demasiadas veces, la vida nos recuerda que los horrores de la dictadura argentina pusieron y ponen los pelos de punta a más de medio mundo. Desde la ESMA, Escuela Superior de Mecà nica de la Armada, Massera ejecutó la desaparición de cientos, miles de detenidos y torturados. La “originalidad” del procedimiento estremecía. Massera era el más locuaz y cruel de los jefes del triunvirato militar. La red, bendito espacio de cierta libertad, rezuma links que nos han permitido acceder a lo que Argentina sufrió. Lo único que aún hoy nos preguntamos es cómo la muerte ha tardado tanto en llamar a su lado a quienes tantos servicios le rindieron, demasiado tiempo sin duda. Injusta como siempre.

Muchos hemos fantaseado con lanzar a Massera sobre el Río de la Plata en un noche oscura, sedándolo lo justo, para que se diera cuenta . . . Para nosotros el Río de la Plata es el lugar duro y mítico, húmedo y fantástico de la gran novela de Juan Carlos Onetti: “El astillero”. Si alguna vez lo sobrevuelo, como también sueño, sé que sentiré un escalofrío especial y le pediré a mi alma que me traiga unas lagrimas para vosotros. Será mi modesta vela que encenderé por vuestro recuerdo.

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