Todo es silencio . . . Graciñas Manolo Rivas.

“No pretendo hacer una novela documental sobre el narcotráfico ni una obra histórica; se trata de ficción aunque, como decía Virginia Wolf, una ficción que como una tela de araña, está prendida en todos sus extremos a la realidad” Manuel Rivas.

En este libro de Manuel Rivas no hallaremos una acción novelesca centrada en el narcotráfico al uso, suele enfocarse el tema orientado en la acción de los grandes capos. Siempre los solemos hallar montados en el dólar, las fastuosidades y la dilapidación. No es el caso en “Todo es silencio”. Rivas desde su poética habitual nos lleva a las raíces de Brétema, ese pueblo de la costa gallega donde sitúa la obra. En Brétema nos traza un paisaje propio, en especial un paisanaje humano acompañado de una naturaleza siempre dependiente de como el mar se mueve. El mar que arroja mareas insospechadas, de naranjas, de ataúdes, de maniquís. Tal como suele suceder en la Costa da Morte o en las Rías Baixas. Por eso siempre se vive mirando al mar. Tal vez viviendo el concepto celiano: “Al mar nunca hay que darle la espalda”. De ese entorno surge la vida jodida de sus habitantes: la pesca, el marisqueo, las cuatro cosillas del campo, la subsistencia.

En un angulo de ese fresco crece la figura de El Mariscal, un capo de pueblo, más capo si cabe, todavía. Y alli la vida sigue a ritmo de paseo, de trabajo, de muerte, de recuerdos. Y ese fresco cobra vida con sus distintos personajes. No hay estallidos, lentamente vienen las cosas. El paso de la pesca con explosivos al contrabando de tabaco, el de tabaco al de la coca, pero todo fluye en paralelo a unas vidas que si ya eran poco sencillas se complican con las implicaciones que ello conlleva. Los dineros repentinos cambian la forma de vivir de algunos, pero hay algo que lo preside todo: la complicación progresiva. El destino de Leda, Fins y Brinco está marcado por la sombra odiosa y fascinante del omnipresente Mariscal, el dueño de casi todo.

Una delicia literaria para amantes de la costa gallega y un quasi testimonio, tierno, sobre las gentes de la costa, un daguerrotipo de la Galicia que emigró pero que no olvidó a los suyos. La escuela de indianos del pueblo de Brétema es una escuela abandonada, desvencijada que aún conserva rasgos de su esplendor y es la llama viva de cuánto llegaron a valorar la cultura y la educación quienes después de años en América triunfaron dinerariamente. En la novela es un lugar mágico y real donde ocurren muchas cosas. Sin duda un gran testimonio de lo que en Galicia llegó a ser el narcotráfico. No es que ahora no lo haya, pero la operación Nécora fue un golpe durísimo que rompió a los clanes junto con el fortísimo movimiento social de las madres de las numerosas víctimas que fueron quienes rompieron, descerrajaron, el silencio de la fuerza, la coerción y el nepotismo. Pero por encima de esas consideraciones, tal vez poco objetivas, es una novela dulce sobre algo muy duro: el secuestro de la vida en vida, la muerte de la alegría en la juventud y como el silencio trepa por los muros de los sentidos atenazando a quien ose oponerse. Podemos afirmar que en esta novela Rivas nos ha llevado a la trastienda humana del fenómeno. Gracias por explicarnos como se rompió el silencio.

Sobre las madres del movimiento Érguete rcomendamos este post

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