Francia vuelve a renegar de Céline, los hipócritas encienden hogueras.

«Os lo digo, infelices, jodidos de la vida, vencidos, desollados, siempre empapados de sudor; os lo advierto: cuando los grandes de este mundo empiezan a amaros es porque van a convertiros en carne de cañón”. (Louis-Ferdinand Céline)

Hace dos años en uno de nuestros monogràficos tocando el tema congoleño presentamos las tesis de Céline, ese escritor maldito que sonrojó a la burguesía europea al denunciar como funcionaban las colonias en Africa, aspecto conocido por el autor en sus viajes. La prosa del francés era encendida, pasionaria y pese a ser calificada de panfleto por sus detractores su calidad literaria es innegable entre los grandes o “especiales” del siglo XX. Sus obras alcanzaron una tremenda difusión e impacto social. Incluso en la Francia no ocupada llegaron a prohibirse. Salvando las distancias provocó similar hoguera Cesare Pavese con una de sus obras “El oficio de vivir”. Sólo que la distancia de la rudeza literaria de ambos autores estriba en que Pvese denunció lo que se llama vida y Céline tomó partido contra el sistema, contra la política y los políticos y contra la hipocresía. Tuvo un encendido discurso antisemita y el lobby judío no le perdona sus escritos. La obra de Céline es una narrativa del desarraigo donde cobra impacto la denuncia de la crueldad y miseria en la que vivían millones de ciudadanos siervos y cuyo confrontamiento ya apuntaba hacia el discurso único y las salidas genocidas.

El Ministerio de Cultura francés ha cedido a las presiones de las organizaciones judías y ha decidido suspender los actos conmemorativos del 50 aniversario de la muerte del escritor. El ministro Miterrand destacó la contribución de Céline a la historia de la literatura pero destacó el hecho de: “Haber puesto su pluma  a disposición de una ideologia repugnante, la del antisemitismo”. Y ahora todos se ceban, Bertrand Delanoe, alcalde de París asegura: “Era un excelente escritor, pero un perfecto cabrón”. Parece ser que su antisemitismo virulento pesa en la balanza para seguirlo manteniendo en la galería de malditos de la cultura francesa. Sin duda no se dan cuenta que ese “malditismo” engrandece el interès por una obra atractiva y con fondo. Lo que no quieren recordar es que, en su tiempo, el antisemitismo recorría Europa con una fuerza arrolladora y de él eran partícipes e inspiradores muchos quienes luego, después de borrar cuidadosamente su pasado, escribieron una nueva historia aliándose contra Hitler. Claro, ellos eran los dueños de la pluma que escribe la historia y para que sea redonda hay que quemar legajos. Y aquellos quienes no se doblaron o alzaron la voz insistentes siguen sufriendo el crepitar de la llama totalitaria y son los mismos que alzaban voces cuando Reagan quería quemar a Darwin.

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