Esperanza y la enfermedad, pero sin metáforas.

El anuncio de que Esperanza Aguirre padece un cáncer ha conmocionado el panorama nacional. A mi lado una voz ronca advierte que todo es benigno y que de una extracción preventiva ella, como acostumbra, hace una autopromoción. Salavando ese comentario y aún reconociendo que nos crea dudas livianas hay que reconocer que Esperanza Aguirre, noble y grande de España por vía familiar y conyugal, siempre tiene un gabinete de promoción bien orientado. desde aquí, desde esa tremenda distancia que se nos hace insalvable le deseamos una feliz recuperación. No es cortesía, es un deseo humano elemental: la reparación de lo dañado. A estas horas ya convalece en estos hospitales y sin duda la lista de espera funciona en Madrid: de un día para otro.

Claro que no podemos pasar por alto su trayectoría brillante en la política como ministra y presidenta de la Comunidad de Madrid, como tampoco podemos pasar por alto como llegó al poder, los casos de transfuguismo que la auparon, la constante implicación de colaboradores cercanos en el espionaje a cargos de la Comunidad, su lucha fratricida con Gallardón, los vinculos de su gobierno con Gürtel o la injusta y fascista persecución y quema en la hoguera mediática del honestísimo, cada vez quedan menos, equipo médico del Hospital Severo Ochoa. Martillo de herejes y liberal convencida Esperanza, no nos engañemos, es de los que piensan que el estdo debe servir, prioritariamente, a los intereses de la empresa privada, casi siempre participada por afines, véase el caso de los hospitales madrileños gestionados privadamente y que tantas alegrías dan a sus usuarios. Pero no me sean mentecatos, Esperanza es la Choni con clase de la ultraderecha cañí y si hace falta privatiza suelo público para cederlo a colegios ultraconservadores como ocurrió en Pozuelo.

La mayoría de su Comunidad la aplaude y vitorea;  nadie se acuerda ya de los terrenos comprados a su propia familia para construir dos estaciones de metro vacías. No, esto es el circo romano, aquí pan y gloria y que le den a la ética, todos chulos como un ocho, sí señora. Y se nos ocurrió escribirles este post porque hoy la prensa nacional se llena de jabón que huele a chamusquina, particularmente babeante un tal Salvador Sostres, especie de paterano catalán, que dice haber hallado en Madrid ínfulas de libertad y motivos de inspiración para cobrar de El Mundo. Ya saben que aquí nos gusta tener memoria. Eso sí, en cuanto a Doña Aguirre dejemos que sea el cielo quien la juzgue, nosotros no lo hacemos, la enfermedad siempre es un punto para hacer reflexión, al parecer no será su caso, ayer lo anuncio y hoy la operaron y en ocho días “dara guerra” según ella misma. Y para ilustrar esa lacra del cáncer ler recordamos la gran obra de Susan Sontag, de crudo oprobio anticonservador y titulada “La enfermedad y sus metáforas”:

“Algo distinto sucede con las metáforas de desintegración física que convoca la mera mención del cáncer. El canceroso, dice Sontag, es visto como alguien a quien su propia represión emocional conduce a ese desorden máximo que es la proliferación de células malignas en el organismo. A la improbable nobleza que se atribuye a quien padece una enfermedad pulmonar una disfunción de la parte superior y noble del cuerpo se contrapone la desgracia y vergüenza de quien ve afectadas, a menudo, las partes bajas, indignas, de su organismo, como en el cáncer del estómago, del colón, del recto, o de los testículos.”  foto Ron Muelleck

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