Gadafi&Friends, otra bomba que estallará.

foto (AFP/Osama Ibrahim)

Tenía 27 años Gadafi cuando en 1969 derrocó al rey Idris de Libia, este se hallaba en Egipto recibiendo tratamiento médico, en 1971 fue juzgado y condenado a muerte, pese a estar en el exterior y esta le sobrevino en 1983. Muammar El Gadafi era un beduino altivo inspirado e impactado por las ideas del este y empezó a trazar el rompecabezas complejo de gobernar, sin estado propiamente, un territorio inmenso pero de apenas seis millones de habitantes. El crudo fue sin duda, junto a la URRSS, uno de sus mejores aliados. Por eso nunca se empeñó en desarrollar una estructura estatal por encima de sí mismo sino que se dedicó a azuzar los conflictos tribales como forma de seguir siendo él mismo, el centro del equilibrio político y social. Es complejo hablar de Gadafi sin tratar de caer en el simplismo que facilita su imagen patética y dictatorial de estos días.

El líder libio fue un apoyo sólido, económico e infraestructural, para numerosos grupos de extrema izquierda metidos en la lucha armada y que hoy reciben la denominación de “terroristas”. Pero de aquel beduino iluminado por el comunismo y la doctrina socialista estalinista estos días queda una imagen delirante y sanguinaria. Empujó a la región a numerosos conflictos de escaso calado internacional como la invasión del Tchad pero suficientes como para durar décadas y desgastar las fuerzas de sus débiles opositores internos. La Libia de Gadaffi mantiene relaciones con muchos países europeos a nivel de importantes inversiones. Eso explica el silencio tímido de estos días de la UE que se ha dedicado a sacar a su títere favorito: la ONU para sacar unas resoluciones de cara a la galería. La cleptocracia de la familia Gadaffi ha llegado a todos los ámbitos europeos financieros. No nos perdamos que poseen el 7% de la Juventus de Torino, las donaciones consecutivas a la London Economics School o el reciente descubrimiento de miles de hectàreas edificables, las últimas, en la enladrillada provincia de Málaga, amén de fuertes depósitos en bancos suizos, franceses, ingleses y alemanes. El impulsor de la gran “Jahmaridiya” o “Estado de las masas” se ha confiado esperando el soporte de las tribus a las que ha mantenido económicamente durante tantas décadas, les han sido infieles finalmente y se prevee un baño de sangre que puede ser el final. Pero queda mucha, demasiada alfombra europea para levantar; si esto sigue al paso actual ríanse ustedes de los escándalos de corrupción españoles, saltará la mierda de los poderes financieros europeos. No estamos descubriendo nada, pero no es lo mismo saber que existe que verlo detallado con números, entonces se sabrán muchas cosas y en España es probable que haya sorpresas relacionadas con un tal Alejandro Agag y su suegro que han visitado dos veces en los últimos años a Gadafi. De hecho Aznar ya movilizó a FAES, fundación ultraconservadora, “apoyando” al hijo de Gadafi.

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