Ousferrats
19mar/110

Josefina Aldecoa ha cruzado el Río.


En la muerte de Josefina Aldecoa destacaremos la obra de esta escritora e interesantísima pedagóga que además de ser la esposa de Ignacio Aldecoa, a su muerte adoptó su apellido, fue fundadora el colegio estilo de Madrid. Aldecoa fue una de las inspiradoras del pensamiento de la Institución Libre de Enseñanza y en la posguerra, tras un denso viaje, fundó el centro en el que puso en práctica sus ideas y las de su equipo. Su colegio en Madrid fue toda una referencia para quienes deseaban para sus hijos una formación libre, un criterio de escucha del niño que crece y unas metodologias activas tan alejadas de la escuela rígida y represora.

La conexión de Aldecoa con la enseñanza se entrelaza con su obra literaria en la que destaca "Diario de una maestra" un libro tierno y cariñoso que certifica la forma de ver el mundo, a través de la profesión docente, y comprenderlo desde el respeto al individuo. Algo que suele ser un tremendo olvido de los metodos pedagógicos de distintos pelajes. Les recomendadmos cualquier libro de su obra, la escritura es rica en detalle sin abarrocarse, es de una sencillez que da hasta miedo por su calidad y su profundidad con palabras comunes que engarzan pensamientos y sensaciones. Aquí, en la redacción dels Ous saben de la inclinación severa que tenemos por nuestro particular paraíso: la isla de La Graciosa y como hemos abundado en ella a partir de la obra de su marido Ignacio con esa gran novela "Parte de una historia" que desató en muchos momentos el interés de estudiosos de la literatura. En nuestros anaqueles guardamos un pequeño tesoro para comprender el mundo de Ignacio a través de Josefina. Se trata de una publicación de la Fundación César Manrique, un opúsculo de su conferencia: "Ignacio Aldecoa en su paraíso". Amén de realizar una descripción y análisis de la novela Josefina expresa, al final de su sentimiento, el dolor por la pérdida de Ignacio y que le ocurre cada vez que se asoma a ese acantilado de los Riscos de Famara y contempla el perfil de la isla:

"He descubierto el paraíso" me dijo Ignacio cuando regresó a Madrid. "Iremos juntos algún día". Pero no fue así. Años después de su muerte vine sola. Y me asomé al Mirador del Río y contemplé la isla tendida al sol, perfecta y hermosísima, como Ignacio la vio y la describió. Contemplé el paraíso y comprendí que lo habíamos perdido los dos. Y tuve miedo de adentrarme en él. Miedo a sentir demasiado intensamente la ausencia de Ignacio. Porque puedo asegurarles que si hay un lugar en la tierra donde él hubiera sido feliz es este lugar, el lugar donde yo le imagino mejor.

Desde hace 17 años vengo cada primavera, en busca de la paz y la belleza y arrastrada por una terrible atracción que me lleva al Miraor del Río. Y contemplo la isla, abajo. Una inmensa nostalgia y una acongojante melancolia me invaden. Todavía no he sido capaz de cruzar el Río. Tan vinculada está la isla a Ignacio, a sus búsquedas y sus hallazgos y sus vacilaciones de hombre.

Lanzarote, 11 de abril 1995

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