Hemos perdido una hoja en nuestro calendario de mitos . . .

En la semana que acabamos, intensa y llena de obligaciones, nos han apurado dos cosas. Una tiene solución fácil: no pudimos postearles nuestras impresiones con la frecuencia habitual: serán compensados. La otra es que aquí, en la redacción, tenemos varios calendarios de mitos colgados en la pared. Los mitos literarios encabezan nuestro edén particular, los deportivos, los políticos, los cinematográficos. Y a veces, aunque nos pongamos la guinda cultural mientras tecleamos, debemos reconocer que nuestras pasiones e instintos no son de clase media precisamente.

Claro que el mito se nos fabricó en esas dos décadas prodigiosas del cine, 50-60 del siglo pasado, pero tampoco hay que olvidar que siendo una star y teniendo una vida sobresaltada Liz fue quien apretó a la comunidad hollywoodyana para que salieran del armario las hipocresias al entorno de la homosexualidad y el SIDA. Fue la tía-hermana de un delirante Michael Jackson a quien aconsejó sin que le hiciera demasiado caso. Sobre esa relación escribimos un post no hace tanto.

Pero si por alguien teníamos debilidad era por esa bella mujer de los ojos violeta, pero el repaso de su carrera congrega títulos míticos: Gigante, Cleopatra, Un lugar al sol, Dulce pájaro de juventud, ¿Quién teme a Virginia Wolf? .Elizabeth Taylor nos ha dejado siempre con un palmo de narices. En su juventud por su prestancia, sus anchuras variables a veces a merced del brandy de buen grado. Nadie mejor que ella para para esa Virgina Wolf casi autobiográfica con su propio marido el gran Richard Burton emulando en la ficción algo que parecía paralelo a su agitada vida. Adiós Elizabet Taylor nos quedamos con cara de mecánicos a quienes han arrancado una hoja del calendario de sus mitos.

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