Dios nos guarde de los tres . . .

Hay poco o mucho, según se mire, pero la imagen es rotunda y nos advierte de lo que viene. Unas decenas largas de millones de euros, el ladrillo de la zona y nacional cobrando. Ya está inaugurado, pero no vuela nadie, ni se sabe cuando pasará. Pero que más da: todos han cobrado y se han ido. La imagen da una grima tremenda. ¿Que les vamos a decir de ese refinado Francisco Camps que se inclina a besar la mano del obispo?. Al fondo su padrino: Fabra, padrino en toda la extensión de la palabra, rey de Castellón y príncipe de las tineblas ocupacionales. Treinta años mandando en la Diputación, se jacta de que de cada cuatro casas de la comarca dos tiene familiares empleados por él. Claro, le votan todos. Le votan tanto que esta empezándose la construcción de un gigantesco monumento dedicado a él.

Tener ese día señalado al obispo a tu lado bendiciendo las pistas vacías es garantía de santidad. Y si alguien piensa mal Fabra lo aclara: “Lo hemos inaugurado ahora porque así la gente del pueblo podrá pasear por sus pistas”, convincente. En un país donde el objetivo suele ser señalar quién la tiene más gorda hay orgullo social de gente como Camps o Fabra. Entre todos están vaciando la caja común del estado. Pero no sufran, cuando no tengan un mendrugo, cuando no les jubilen o no les operen a su hijo siempre les quedará inclinarse ante el obispo. Solo les aconsejamos dos cosas: No vayan con infantes a esa genuflexión y procuren que entre sus glúteos y la pared no se interponga clérigo alguno.


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