La tumba de Sediqa, lapidada después de la muerte.

Sediqa y Qayum fueron asesinados por sus familiares en agosto de 2010 en Afganistán. En una ceremonia pública murieron lapidados por haber cometido un pecado adúltero. Él estaba casado y tenía hijos, ella era la hermana de su mejor amigo. Mantuvieron relaciones y fueron descubiertos. Al momento se puso en marcha la ley de esa zona del país, eminente feudo talibán. Hombres armados llegaron al poblado en motocicletas, reunieron al consejo familiar y prepararon la lapidación, hay testimonios que aseguran que gran parte d elos espectadores del asesinato fueron obligados, a punta de rifle a presenciarlo y así se cumplió la ley. Ella, embarazada y con burka fue conducida hasta el hoyo donde se le deparó la lluvia mortífera de piedaras que acabaron con su vida. A él le ocurrió lo mismo. No hay nada como la família en estos duros momentos ya que fueron los primeros en lanzar las piedras en cada caso. Pero a pesar del aspecto de igualdad que da la aplicación de la ley hay que decir que no es así. Si es que a tamaña monstruosidad puede llamársele justicia por muy islámica y talibán que sea. Un testimonio gráfico de Paris-Match en fotografías tomadas con un movil nos muestra la tumba de ella, de Sediqa, a las afueras del poblado, expuesta a los numerosos perros que lo circundan, sin apenas protección, muy al contrario de la de Qayum que ha sido enterrado en el cementerio del pueblo. Hasta el significado moral de este tipo de ejecuciones continúa más allá de la muerte e incluso en el recuerdo echa la mujer a los perros y el hombre al mundo de los mal llamados “ciudadanos”. Descansad donde esteís.

fotos: Paris-Match

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