Goma arábiga: el “petróleo” que EEUU no controla. (1)

MOMIAS Y MANÁ

“La mayoría de las personas del mundo consume goma arábiga todos los días”, explica el profesor sudanés Hassan Adel Nour. Sectores tan vastos como el farmacéutico, la industria alimentaria o las bebidas aromáticas. No se acaba la lista: textiles, imprentas y tecnología punta dependen de este maná caído del cielo que según la Biblia y el Corán permitió alimentar a los hebreos que erraban por el desierto del Sinaí, y que los egipcios ya usaban dos mil años antes (hace 4.500 años), para pegar las cintas de sus momias. El periodista Guillaume Pitron, fuente de esta noticia, asegura que el administrador de una de las empresas de transformación de la goma arábiga le confeso que sin este emulsionante también conocido como el E 414: “El colorante negro de la CocaCola subiría hasta la superficie de la botella” y asevera: “ya no podríamos tomar colas, ni dulces o medicamentos cuyo revistimiento está fijado por esta cola, ni beber vino cuyos taninos reduce sensiblemente, ni imprimir periódicos en los cuales permite fijar la tinta . . .”

EL LUGAR DONDE NACE

Su fuente es conocida como “el cinturón de la goma arábiga”, un collar de acacias que une Senegal con Somalia, comprimido entre el Sahara y el bosque ecuatorial. Grandes productores como Chad o Nigeria emergieron sobre los mercados internacionales, pero su dinamismo no iguala el de Sudán. Este país es el exportador de la mitad de la producción mundial y sobretodo del de mejor calidad (llamada Hashab), “el país de los negros”, es una fuente de suministro imprescindible para Occidente. Seis millones de granjeros trabajan en las acacias de Kordofan y Darfour. Nouhoud es el Wall strett sudanés y capital mudial del producto.

LAS CONTRADICCIONES DE EEUU

llegan hasta el punto de que el embargo drástico de EEUU impuesto sobre Sudán desde 1997 se rompe a espaldas de lo que se ha asegurado en los medios políticos de Washington. El comercio prosigue a orillas del mar Rojo y la costa este de Estados Unidos. El Washington Post lo disfraza llamándole “diplomacia de la soda”. Un empresario sudanés afirma: “Cuantas más sanciones nos impone Estados Unidos más goma arábiga les vendemos”. Hay movimientos anglo-egipcios para crear en la zona una especie de OPEP de la goma arábiga para sacudirse de la presión sudanesa, pero hay un problema: la calidad. El tipo de acacia sudanesa unido a la geologia del terreno produce un material excelente que no pierde calidad en el proceso de transformación. La importancia de la goma arábiga es tal que cuando en 2007 EEUU condenó las matanzas de Darfour el ex embajaor de Sudán en Washington, John Ukec Lueth, clavado por las preguntas de los periodistas levantó su botella de CocaCola en plena de rueda de prensa, la agitó desafiantemente y les recordó que podrían cortar el chorro de exportaciones y derivarlo hacia Europa.

EL CULTIVO

El fin de la tarde es el momento ideal para sangrar la corteza de las acacias y quince días después pequeños ríos de resina se escapan de las cortaduras y forman bolitas viscosas. Vendidas por un puñado de libras sudanesas al comerciante local, limpiada de sus impurezas, secada y luego machacada la goma es enviada en bolsas de yute hasta el poblado de El Obeid para ser subastada allí. Todavía recorrerá dos mil kilómetros hasta Puerto Sudán, a orillas del mar Rojo donde es fletada, en contenedores, hacia fábricas occidentales de transormación. Atomizado y tratado el producto final parece un polvo fino y blanco que se manda a los cuatro rincones del mundo.

Extracto basado en una investigación de Guillaume Pitron

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *