Gotas de letras: “1Q84”, el japón de los 80 a cedazo.

La obra de Murakami, escasamente conocida por quién escribe, no ha hecho mella en mi interés lector más allá de las 120 páginas. Aprecio los pensamientos y las reflexiones de este autor en entrevistas y su reciente e imponente reflexión sobre la tragedia sísmico-nuclear que recientemente padeció Japón. Aún acercándome con ciertas prevenciones a su obra me ha parecido una buena novela su reciente “1Q84”.

Más que el argumento en sí la forma de describir esos dos personajes paralelos Aomame y Tengo que lentamente te van abocando a una intriga de semi ciencia-ficción ubicada en el año 1984. Justamente un homenaje orwelliano por su obra “El gran hermano”. La descripción de la vida cotidiana de los personajes, independientemente de la época, te sugiere esa forma de ser japonesa en la que cualquier cosa que altere el orden social es vista como una vulneración del código de conducta social. Se recorre esa educación rígida y ese empeño de una sociedad en silenciar cualquier disonancia. Lo público, entendido como orden moral, debe prevalecer siempre sobre el individuo y es el individuo quien en su privacidad, en su intimidad, puede o debe vivir lo que se encuentre, pero no más allá de la puerta de su alma y sus silencios.

Un profesor de matemáticas excelente, cuya verdadera pasión es la escritura, corrección de textos y fabricación, como negro, de talentos editoriales. Un joven acosado por una visión somatizante de su infancia que le lleva a dudar de su padre y su madre; un amor desde la escuela primaria: Aomame, hija de unos testigos de Jehová, niña rechazada por su compañeros y que se construirá a sí misma huyendo del hogar paterno y llevando una vida estricta, como monitora deportiva, a la que su mayor recuerdo de afecto siempre será aquel niño, el único que le tendía la mano fuertemente en la escuela.

Alrededor de estas figuras giran personajes variopintos entre los que destaca una mujer acaudalada que dedica todo su pecunio a financiar una actividad de eliminación física de maltratadores y violadores. En el eje central de la la trama una sociedad secreta: Sagikake, formada por universitarios marxistas que deciden llevar adelante una practica quasi budista clásica y que se convierte en una plataforma religiosa de espectaculares tentáculos financieros y políticos. En su epicentro las misteriosas personas pequeñas y la intrigante crisálida del aire. Aunque no podemos esperar un estilo literariamente novedoso el ritmo del autor es en algunos momentos demasiado redundante con los hechos. Pero hay una certeza: engancha la historia de Tengo y Aomame y llegas a sufrir o a interesarte por ellos y no menos ocurre con la misteriosa adolescente Fukaeri huida de la secta. Y realmente ese es el mérito de este nuevo Murakami: atrae y engancha. Muchos en el aparador literario no pueden decir lo mismo y hay que reconocérselo al autor del insigne Tokio Blues.

El Japón de las sectas y los grupos fanáticos, existe, y solo salió a la luz con motivo de los ataques de uno de estos grupos con gas sharin en el metro de Tokio, hubo un proceso y volvió el silencio. El eje temático de la obra no deja de ser el mismo del tema orwelliano con el que homenajea a 1984: el enfrentamiento del individuo con sistema y sociedad; tema complejo y máxime en Japón.

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