Volver sin irnos . . .
Quienes han podido volver lo hacen y quienes estaban vuelven de nuevo. Ya es primero de septiembre y la rutina campa por las rúas. Benditas rutinas algunas: reencontrar amigos, girar la esquina y darte con tu ciego preferido, saber que la belleza del diálogo aún nos queda y ver que aún quedan unos miles de posts por colgar. Otras rutinas son cetrinas y odiosas: los diablillos del apocalipsis económico, la espada del despido sobre muchos amigos, la angustia del jubilado sobre su modesta ayuda, la incerteza laboral de los jóvenes llamados a saber que un día esto fue jauja y ahora contemplan a su alrededor como se entretejen las alambradas del gran campo de concentración privatizador.
Claro que nos queda mucho por desgranar en este otoño incierto, como todos y como siempre, claro que siempre hay cenizos dispuesto a decir que "este será el peor de todos", como desde hace tres años. No hagamos bromas, podría serlo. Pero en cualquier caso ya sabemos que se trata de consumir muy poco y reciclar lo que sea. Pero aprovechémonos de que nuestro optimismo no va a ser privatizado, sepamos que el humor siempre es la gasolina de la vida y que darle la vuelta al calcetín de la crisis está en nuestras manos, en nuestras esperanzas, en nuestro fuero aun no globalizado. Recuerden aquellos días, los que sean; disfruten de sus vivencias muchas o escasas y echen mano de sus aficiones o vicios predilectos. Reparen en una palabra que no deja de molestar: indignación. Los que mandan lo mandan todo, nos engañan (no siempre), nos aumentan la fiscalidad y recortan el pecunio pero hay algo que en mayor medida de lo que aparenta les pica bajo su bigote: si bien ya sabían que lo pensábamos no les inquietaba porque no era público y durante mese lo ha sido y además notorio. Este país es una plaza en la que la gente se ha lanzado a decir, contar y discutir. Hubo un momento en que vivieron alegres la retirada de las plazas, el silencio de lo que ellos llamaron "perroflautas" despectivamente.
Pero todavía saben y creen que habrá nuevas muestras de indignación y protesta y no solo de perros y de flautas. Alegrémonos hermanos con, sin o en la fe respetable. Sigue habiendo espacio para la alegría, el optimismo y las buenas nuevas: la sonrisa del enano que crece, nuestro libro favorito, aquellas poesías olvidadadas y el calor de los reciprocamente queridos nos van a permitir transitar por este valle de bonos, deudas y recalificaciones. Y si en algo ayuda un link als Ous seguiremos estando aquí sabedores de un desacuerdo, una polémica, una información lateral o la mirada apasionada a todo tipos de artes y magias de la vida.
Les he buscado un textillo introductorio al libro de un amigo de esta casa: Alvaro Cunqueiro, uno de nuestros dioses galaicos de la pluma, que de este modo empieza su fantástica novela Merlín y familia dando cuenta de como contar las cosas vivídas aunque la imaginación sea traicionera y me permito desbarrar fantaseando con lo que he vivido con los dos amigos que montaron este blog, su casa por supuesto:
Ahora que viejo y fatigado voy, perdido con los años el amable calor de la moza fantasía, por veces se me pone en el magín que aquellos días por mí pasados, en la flor de la juventud, en la antigua y ancha selva de Esmelle, son solamente una mentira, que por haber sido tan contada, y tan imaginada en la memoria mía, creo yo, el embustero, que en verdad aquellos días pasaron por mí, y aun me labraron sueños e inquietudes, tal eran como una afilada trincha en las manos de un vago y fantástico carpintero. Verdad o mentira, aquellos años de la vida o de la imaginación, fueron llenando con sus hilos el huso de mi espíritu, y ahora puedo tejer el paño de estas historias, ovillo a ovillo. Cuando de obra de nueve años cumplidos por Pascua Florida, con la birreta en la mano, me acerqué a la puerta de mi amo Merlín, ¿quién diría que me la iban a llenar, la gorrilla nueva, de las más misteriosas magias, encantos, inventos, prodigios, trasiegos y hechizos? Nunca regalo como este, digo yo, le fue hecho a un niño, y como de un cuerno maravilloso saco cinta tras cinta, cuento tras cuento, y con mis propios ojos contemplo toda aquella tropa profana que a Merlín acudía y a sus siete saberes: en Merlín se añadían, tal los hilos de un sastre invisible, todos los caminos del trasmundo. Él, el maestro, hacía el nudo que le pedían. Ya lo veréis.
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