“Gente tóxica”: Una ayuda a la falta de libertad y la cobardía.

Entre los pobres y los pijos nos ha caído un libro de autoayuda letal, el concepto de “lo tóxico”. Qué casualidad que aparezca en entornos empresariales y luego sea refrendado por la “sociología”. Es tan sencillo declarar tóxica cualquier opinión que pueda incitar a la crítica, al analísis o simplemente a la reflexión, que los redactores de la “toxicidad” hacer una completísima descripción de las características personales de un presunto tóxico.
Leyéndolas uno se da cuenta de que está rodeado de tóxicos y que incluso él mismo se autodescubre como uno de ellos. Sin duda la teoría juega hábilmente con los conflictos personales más elementales, diferencias de criterio o incompatibilidades que suelen ser comunes, pretendiendo en realidad que quién se ponga a cubierto de los tóxicos se sienta amparado por una buena ojeriza personal, no sea caso de que siendo demasiado flexible repare en que lo que se presume tóxico en lugar de contaminar aclara ideas y hace más respirables los criterios.

Y por último les diré, sobre toxicidades, que solo he encontado apoyos a semejante best-seller del año pasado a amigos o familiares quienes detentan responsabilidades empresariales, de gestión u organización, es decir: la “toxicidad” ha calado entre quienes necesitados o deseosos de repartir estopa a subordinados estaban huérfanos, como suelen estarlo, de argumentos consistentes. (photo: Man Ray)

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