Cuando los Mossos lloran muchos nos reímos.
Ver a miembros de los Mossos de Esquadra cortando el tráfico, en lucha callejera, estableciendo controles perezosos para ralentizar el tráfico en Barcelona y cantando el que Viva España no deja de ser un tanto felliniano. Hoy ellos son los indignados que dicen sufrir las medidas de la Administración a la que defienden. Sorprende oír en la radio y leer en los folletines digitales las declaraciones de sus jefes pidiendo: "cordura", "responsabilidad" o "ser conscientes del uniforme que llevan". Se rasgan las vestiduras los amos del cortijo convergente viendo como sus braceros y apaleadores de opositores practican el mismo deporte, el de la libertad sindical y el derecho de expresión. Nadie nos creímos que despues de 50 años de grises y guardias civiles una polícia catalana fuera a ser la garante de los derechos ciudadanos de ese pequeño país del extremo nordeste de la Península de Iberia. En efecto, la polícia es la polícia y punto.
Aquí más de uno fabuló con un torturador que te recitaba versos de Maragall, textos de Josep Pla o del mismísimo Jacint Verdaguer (solo usado para terroristas, un Guantánamo para la mente). Incluso se especuló con porras que dejaban marcas de cuatro barras o agradables sardanas sonando en la cárcel de sol a sol. Nada de esto: quienes diseñaron el modelo policial catalán fueron aguerridos miembros de la antigua Assemblea de Catalunya elevados a los altares del carguismo por un tal Pujol. Y como es de recibo en cualquier lógica psiquiátrica los perseguidos llegaron a ser los mejores polícias, los más eficaces, los mejores ciudadanos. . . sobre el papel. La realidad ha siddo que ese es un cuerpo hoy poco bien visto, especialmente en las zonas rurales en las que, aunque joda, se prefiere aún a la Guardia Civil ya que por lo menos no era confusa y ya "se sabía de lo que iban". Por eso hoy a nadie le mueve la solidaridad con los rotundos de tantas cargas o los opacos de las cámaras que registraron torturas y maltratos. Simplemente han recibido la misma medicina que todos: la tijera y tiene la suerte de que hagan lo que hagan nadie les va a correr a porrazos, así cualquiera se hace "anarquista funcionario".
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