El tipo del parking.
"Te espero en la calle", "Sé donde vives", "Me he quedada con tu cara", "A la salida vigila", "Algún dia nos encontraremos", y tantas expresiones más que figuran en el diccionario enciclopédico del macarra, del violento, del chorizo o presunto delincuente. La intimidación siempre conmina a dos cosas: o al miedo o a la violencia. Ustedes me perdonaran pero solo le veo esos dos caminos. No se pregunten que hacía Mourinho ahí es evidente que buscaba la posibilidad de un incidente de una mala palabra y si alguien no lo dijo, lo hizo él. Pero ni aún así consiguió un lance de gloria chusca de esa que engrandece a las centrales lecheras mediáticas. No tenía bastante con haver jugado mejor, el jugador es él con mayúsculas, le daba igual lo que ocurrió en el campo, porque ahí no estaba él.A veces la enajenación transitoria se disfraza de presunta genialidad para algunos, pero Mourinho no está solo, sabía que de sacar de su gesto un incidente tenía un lugar en las páginas de oro de la presunta épica con la que se jacta el vociferante de barra de bar, eso de tener "un par" y no precisamente de meninges.
Confieso que siempore he soñado con realizar un docudrama sobre la vida de los vigilantes de parkings, especialmente de los del turno de noche. Salvando algunas excepciones aún se encuentran ejemplares de dudosa lucidez, dificultad para contar las cifras, ropas olorosas de mugre con diesel que suelen acompañarse de perro más descuidado que su amo y que a uno le entra la duda, en el momento de contemplar semejantes retablos, de quién debe comer del plato o bacinilla puesto a los pies del can. Sí, vigilantes de parking que nos albergan la duda de sí tal vez nacieron en ese subsuelo hormigonado y en esa atmosfera cero hecha de caucho recalentado, vidas dostoiyewskianas que nos recuerdan a personajes de "La casa de los muertos". Aún así siempre me mereceran el temor y el respeto debido a quienes el destino deparó un lugar a cadena perpetua en las calderas del infierno.
Los admiraba con dudas y algunas veces me parecía ver en ellos a oficiales del Pequod con la piel hinchada de tantas horas ante las lámparas de aceite descuartizando ballenas y me los imagino que esconden su puñal en el cajón del cambio dispuestos a cualquier pelea en la cubierta, por unos dados, por una puta común, por una mala mirada del contramaestre, escondiendo el odio eterno al capitán que creen les condenó ahi a la espera de Dante. Pues pese a todas esas conjeturas fruto de la enajenación literaria, la que se te presenta, la que te crea imágenes, la que te borbotea frases para retener ese instante; la verdad es que después de ver al tipo de la fotografia haciéndose el intrigante con las manos en el bolsillo quiero rendir homenaje a esas gentes de parking que me merecen atención, el tipo de blanco es un pobre desgraciado que hace de sí mismo un todo que acabará autodevorándole.
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