“Tranquilos que si pasa algo Pilar siempre nos avisa . . .”

Lo que jamás se podrá decir de ella es que fuera una persona díscola y alterada. Sabía estar en un sitio, estuvo muchos años al cuidado de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, en la etapa en que su señor fue un tal Aznar  cumplió con creces. En ese periódo en el que se realizaron importantes dislates financieros Pilar acudía cada mañana a su trabajo, atendía todas las cosas y muchas más. De su eficacia probada nadie duda en absoluto. Pero lo que muchos valoraron desde el PP no fue solamente la eficacia y la presteza con que Pilar acometía sus tareas diarias sino ese plus, ese más allá, que en términos económicos llamaríamos “valor añadido”; o sea aquello por lo que a Pilar no se la contrató pero ejerció con una capacidad envidiable: el silencio, el estatismo, quasi la frigidez ante el temporal que caía fuera y podía perjudicar al PP.

Para ello, para alimentar al ogro fraudulento y financiero que empezaba a triturar la dignidad de este país, Pilar estuvo más allá del deber. Vio pasar ante sus narices el caso Gescartera, y no solamente eso sino que lo bendijo y lo autorizó en toda regla. Las consecuencias son bien sabidas: un fraude de 18.000 millones de pesetas de las de su época. En cuanto estalló el proceso de indagaciones judiciales hubo una prueba concluyente, una conversación teléfonica en la que uno de los imputados y artífices del fraude le espetaba a otro: “Tranquilo que si pasa algo Pilar siempre nos avisa . . . “. A la vista de esta prueba dimitió y fue condenada por sus silencios en resolución judicial.

Esta semana que dejamos atrás nos ha llevado la noticia de que será segunda de a bordo de la Oficina Nacional de Investigación del Fraude de Hacienda nombrada por Cristobal Montoro y cunde el pánico entre las gentes legales, que aún quedan, dado que su ascenso a los altares de la vigilancia fraudulenta va precedido del descabezamiento de la agencia Antifraude. La misma que había trabajado hábilmente en los casos Urdangarín y Gürtel. Toda la cúpula y sus equipos de trabajo han sido desmantelados. Se capta perfectamente el detalle: datos perdidos, procesos por reconstruir, carpetas olvidadas . . . retraso, incumplimiento, ausencia de pruebas, posibilidad de prescripciones por retrasos, anulación por falta de datos. Me imagino al Bigotes, el PP, las FAES y el rey tomando algo en la cubierta del Fortuna, nunca mejor dicho, y a Pilar con sus prismáticos oteando el horizonte y al rey con su tonillo diciendo: “Pilar tómate algo que no hay peligro”.

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