Tenaz Alepo, un símbolo secular de esperanza en la Siria destruida.

La caída anunciada de Asad en Siria desata un laberinto complejo de realidades. No se descarta que los alauís se trasladen al norte y negocien establecer un estado propio y diferenciado de la Siria rebelde. Esta opción no está del todo aceptada por los grandes países de la península Arábiga puesto que complace a Irán ya que supondría mantener un bastión menor, pero bastión al fin, en una región complicada.
En este paisaje bélico y político aparece el Prometheus monoteísta para complicar las cosas aún más. Pero entremedio aparece la figura de Alepo. El primer documento que nos habla de ella aparece en el siglo XVIII antes de Cristo y demuestra el papel de ciudad-estado que ya jugaba entonces. Cuenta Sánchez Dragó, avezado en ello, que los hititas la liquidaron una centuria después y Alepo fueron unas ruinas que vivieron en soledad durante dos milenios. Cuando cayó la legendaria Palmira en manos de Roma la ciudad se convirtió en bullicioso punto de cruce de caravanas que iban desde el Mediterráneo hasta Oriente.


Pese a competir con Damasco, ciudad a la que dedicaremos pronto post, los orientalistas coinciden en que siempre fue una ciudad mucho más cosmopolita que su capital. En ella convivían los devotos de la Sunna y los seguidores de Alí junto con los cristianos de origen armenio. En estos días Alepo es una imagen cruenta de la guerra en Siria pero hay quién como Tomás Alcoverro, yoda de la zona, asegura que renacerá como ha sido su destino. Tres terremotos destruyeron la ciudad en el siglo X, volvieron a construirla. Otro sismo acabó con la vida del 60% de los vecinos en 1822. Alepo, hasta hoy, era una ciudad con más de un millón de personas. Afirma Dragó que su voluntad y su paciencia son tan asombrosas como la de Simeón el Estilita, el padre de Yermo que en el 432 se sentó en lo alto de una columna, cuyos restos aún existen extramuros de la villa y murió allí, sin apearse de ella, 36 años después. Deseemos que el ciclo histórico sea redundante y Alepo vuelva a ser, con la paz, la ciudad cosmopolita que secularmente ha sido.

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