Catalunya 11 de septiembre 2012: La inocuidad del crecepelo independentista.

No es sorprendente la ductilidad de los catalanes y la de su clase política. Hoy es el mediáticamente nombrado “gran día” y lo va a ser. Sí, habrá una gran manifestación, sin duda; la gente está cabreada, sin duda; pero no va a ocurrir nada más; sin duda. Ya hemos vivido muchos de estos días, por eso los grandes días o nos pillan de sorpresa. Durante semanas la opinión pública catalana subvencionada se ha dedicado a temas absurdos e irrelevantes como si el presidente Mas asistiría a la protesta o no, qué iba a hacer Durán Lleida o el lema de la pancarta que la encabezaría. Escribo mientras a una anciana con ictus se le ha quitado la ayuda de la Generalitat alegando “que la había consumido con su hospitalización”, mientras Nissan retira una inversión potente en la planta barcelonesa por negarse a reducir el sueldo un 25% los nuevos contratados y a las puertas de un curso que empieza con miles de interinos en el paro, aulas masificadas y disminución de la calidad en una comunidad cuyo índice de fracaso es superior al 25% y cuyo porcentaje de abandono de Bachillerato y dos primeros años de carrera supera el 20%. Este es a pequeños rasgos el paisaje sobre el cual nos tratan de vender a través de la opinión publicada, que no pública, que hace falta un Pacto Fiscal que sigue siendo la chanza de España.

Y desde hace dos años, cual milagrosa solución, aparece el crecepelo independentista que hace brotar sentimientos de estado, necesidad de pasaporte y bandera con estrellita, honores de estado, panoplias y demas atrezzo ridículo de modestos aspirantes a “estado”. Porque hay un mucho de fascista en toda reivindicación nacionalista. El concepto de nación es aldeano, provinciano y pueblerino. Acordémonos de los antropólogos catalanes que perdieron lustros midiendo cráneos de payeses en el Pirineo Catalán a la búsqueda de un antecessor del Homo Catalanis. El ridículo de querer montar un ejército catalán cuando había unas milicias que en 1937 habían doblado el testuz del estado burgués. Sí, eso es aqui y en muchas partes el nacionalismo: una idea rancia, cerrada y que sufre de ese onanismo del alma que es la onfaloscopia. Hoy se celebra la negativa de los burgueses locales y su Consell de Cent a sufragar un ejército mercenario, práctica elemental en la época, que predispuso a la ciudad de Barcelona a una gran derrota. Eso le debemos a los burgueses de la derecha convergente y unionista: una autonomia que les está aprovechando de maravilla mientras empobrecemos por falta de eficacia política y bajada de pantalones en Madrid.

Catalunya vale mucho más que las predicas de los manipuladores políticos y lo que deseamos es el respeto, que no se da, a nuestra lengua y a nuestra cultura, a nuestra metalidad sobradamente europea y que se compense el desequilibrio fiscal. Pero pretender que la solución sea un estado catalán me da el mismo asco que un estado central que ya sufrimos. Seremos los catalanes más tolerantes con los corruptos nacidos en el Montseny? Aceptaremos la explotación laboral, sí, explotación, si el Estatuto del Trabajador nos viene con senyera en la portada? Sin España como el malo quién será el culpable y responsable de todo?. No, el crecepelo independentista nos dejará más calvicie, ya los conocemos o permítanme que no les de ninguna confianza. Se ha manipulado el cabreo de la gente, se ha instrumentalizado un sentimiento nacionalista basado en los triunfos futbolísticos y los desmanes de la caverna nacionalfascista que habita en Madrid y sus provincias. La Vanguardia, el Ara o e Periódico no son más que serviles boletines subvencionados. Pero cuidado que no son omnipoderosos, por debajo fluye un río de descontento que aumenta su caudal y en parte eso expresará la manifestación de hoy, pero nada más. No hay ni liderazgo, ni ideas, ni solidez. Tan solo quejas, quejas y nada más, ni tan solo ideologia y hacer aumentar el independentismo de encuesta a base de cuestiones fiscales tiene escaso calado a la larga. Mañana seguiremos calvos.

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