Prestige, lágrimas de Mangouras y algunos insensatos locales.

Nunca me podrá abandonar, ni nunca querré que mi memoria olvide su luz. La Costa da Morte, espacio querido, tierra de nuestra vida y numinoso ojo que observa la fuerza del mundo y el océano. Balcón en el que asomarse a las mazmorras de las profundidades, espuma teñida de leyendas y nufragios, de anécdotas y letras escritas desde la humedad de la vida dura. Escenario donde contemplo el respeto por la gente del mar y escarpada costa por la que discurren la vida y la muerte de la mano. Ese lugar, ese triángulo al noroeste, es para nosotros en la redacción un verdadero campo de agramante de casi tres décadas de nuestras vidas. La herida pestilente del Prestige sembró de miseria natural y de rudeza humana su andar. Hoy, tantos años más tarde, la maquina de la justicia española es un cacharro que trata de simular que se esclarecerán unos hechos de los que ya se sabe todo pero no se quiere hacer verdad oficial.

(foto OusFerrats/Bekaa)

En Cee se celebra el juicio en el cual Mangouras, el capitán del buque, llega a llorar sintiéndose abandonado por todos, recordando el momento en que las autoridades le exigen alejarse y el vira hacia mar abierto sabiendo que algo terrible va a ocurrir y a sabiendas de que algunos de sus hombres o él mismo pueden perecer. (Asegura que el rumbo decidido por las autoridades españolas en los inicios del suceso fue “el peor posible”. “Nos llevaba a convertirnos en un ataúd flotante y a ahogarnos”) Y ahí cayó, en la línea de los 246 Km de distancia de Finisterre se hunde con 72.000 toneladas de fuel y a 3.600 Km de profundidad. Lo demás ya se sabe, marea, destrozos naturales, vidas arruinadas y manipulación de los políticos: Aznar, Fraga y Rajoy. Dinero, más dinero, más dinero: fraudes para comprar resignación y estupidez. Y hoy asistimos a un reguero de declaraciones judiciales que van a exculpar al gobierno de España. Recordemos que el señor Rajoy, entonces ministro, tranquilizaba a la opinión pública hablando de: “hilillos de plastelina”. La opinión generalizada es que todo aquello tenía que pasar y se arregló bastante bien. El mar tiene allí una intensidad inusitada, muchos recibieron dinero y la fauna se ha recuperado en parte si lo comparamos con la magnitud contaminadora. Pero la Costa da Morte ha quedado tocada y siguen apareciendo galletas de fuel y se echa de menos determinadas especies. El juicio será el último acto y como dicen algunos chavacanos y peseteros locales: “Outro mais” no les iría nada mal si vuelve a caer dinero a espuertas. No saben lo que se dicen. (foto OusFerrats/Bekaa)

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