Barça: Los últimos días de la Pompeya Blaugrana. (2)

El futuro del Barça es que no hay futuro, solo desfile de noticias presuntamente sorprendentes para tapar lo que ya es un fracaso. Los medios de comunicación catalanes afines: La Vanguardia o TV3 y los periódicos deportivos no “entran” en política, les va el cuello de las subvenciones. Pero la realidad, aquí que no estamos subvencionados más que por nuestro editor, es que el Barça es un remedo mal organizado de la trama Millet del Palau de la Música. Comisionistas, cuñados, familiares, empresas vendidas a un euro al cuñado de Rosell, silencios comprados y negocios en Qatar. En definitiva la caída de Pompeya parece inminente. Muchos se afanan en abandonar la ciudad, hace días que en los templos blaugranas cunde el vacío total de poder, iniciativas o cultos. Algunos esperan ganar al Real Madrid en la final de la Copa del Rey, pero saben que eso no va a reparar que, definitivamente, se ha hecho volver al Barça a su peor versión de la era Núñez.

Para cuando empiece el cataclismo ya hay un chivo expiatorio al que para eso se le contrató: Tata Martino. Un entrenador mediano, desconocedor del futbol europeo y mal dominador de los sofismas argentinos clásicos en una sala de prensa. Señor consciente de que ha venido a hacer un dinero y poner una muesca en su curriculum que paseará por su tierra. Seguramente publicará unas memorias en las que revelará lo que ya todos sabemos: que el vestuario del Barça es un remedo de la quinta del Buitre en el Real Madrid, un lugar donde cuatro amiguetes pontifican y presionan a un pelele de turno.


Mientras los Rosell, los Bartomeu y sus conciliábulos seguirán con su plan: hacer una buena mordida económica de la remodelación del estadio en la que algo que ver tendrá un tal Flo. La tragedia del Barça empieza en el momento en que se subestima el papel del entrenador y se considera que desde los despachos también se “organiza” lo deportivo. Algo que un avispado Guardiola ya preveyó y parece que nadie más quiso ver. Ahí nos encontraran dento de unos siglos: arramblados, arrastrados por la lava de la corrupción y petrificados en el museo de los horrores culés, abrazados a una Champions que ganamos miles de años ha.

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