Mirar Iberia: El sendero de las sombras antiguas.

picture-16Con respeto y cariño hacia los que se sienten creyentes me da igual donde esté del mundo siempre suelo acercarme a contemplar el hecho o fenómeno religioso. Kheirouan, Santa Sofía, la ermita de la ría camariñana o los mismísimos suelos de dulce alfombra de la mezquita Azul. La devoción, o la fe o la entrega al culto siempre le sorprenden a uno y le hacen magmatizarse en una atmósfera especial. En ella se dan instantes propicios para todo: el recogimiento, el fanatismo, la paz silenciosa o el diálogo de almas que intentan gritarle algo a sus dioses. Portadoras de fe y energía humana siempre me han parecido, esos momentos, instantes especiales de conexión con algo.

sombras (3)Hoy les traemos un testimonio cercano, de Iberia, de Aragón, de aquí mismo. Y siendo tan cercano no está desprovisto de pocas cosas. El paso de una procesión de Viernes Santo en España me deja con ese sabor de fe, sí, de devoción, tal vez, pero para quienes sufrimos el puño de hierro moral de la religión se nos antojan sombras de un pasado desechable, esclavos de un pasado cercenante llamado “tradición”. Una colección de temerosos émulos de sus ancestros, émulos, a su vez, de una secular tradición de miedo y atrasos. Un desfile de sombras en el cual ellos son las propias sombras de aquellos, los de entonces, los de un pasado que huele demasiado a naftalina del corazón, rudeza e infancia hambrienta bendecida por los que bendijeron las armas de los que impusieron el catolicismo en Iberia. Respetables ciudadanos paseándose a sí mismos o paseando las sombras de la tradición.

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