Mirar Iberia: Nunca lo dejaremos de hacer

Esta sección, que inauguramos en 2009, daba crédito a lo que el viajero, un catalán sin patria ni bandera, pensaba descubrir en su irrumpir más allá del territorio que delimita el Ebro y los Pirineos, la Ribagorzana y la madre Mediterrània, como aquí la llamamos. Ocurre que el viajero siempre fue rendido y declarado admirador de las iberias, entendidas como territorios, no ya fronterizos, sino simplemente: como todos aquellos espacios donde no dominaba la lengua propia con la que le dieron de pecho, pronunció el nombre de su primer amor o insultó al primer fascista que le puso coto. Armado de esa difícil limitación, consciente de que los espacios no existen y aún a sabiendas de las collejas que le caen por sentir devoción mariana por la Iberia entendida como península el autor nunca se arredró.

logocorrectEs más, en su condición de viajero y polemista, gusta de alabar aquello que quiere de la Iberia, aún en la más recóndita taberna de lengua vernácula e incluso en la casa del independentista más recio, cree que solo así, pese al gargajo inicial, dejará un rastro de interés por Iberia en la mente formateada por cuatro barras y una estrella, nunca sabrá del resultado de sus objetivos; pero cual evangelista sonreirá al pensar que ha introducido un guiño, una pequeña oración que haga pensar al recalcitrante. En más de una ocasión ha estado a punto de lanzarse en patera y pedir refugio político en la embajada de Galicia o de Navarra. Con el oído atento a la actualidad: ese relato prefabricado de cada día, seguimos pasmados del orgullo nacional de corruptos, chorizos y desmemoriados. Solo nos quedan ustedes y la literatura: los buenos amigos, lectores compasivos y acendrados, las buenas amigas; todo eso no tiene cálculo, ni renal ni económico. Somos pocos y bien leídos, que más podemos querer. Pues la verdad.

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