Medalla al Mérito al Trabajo: costumbre facha.

En España se suele premiar a famosos o personas vinculadas al régimen con motivo del primero de mayo. Y para hacer bueno el refrán “para que te enteres del papa de Roma, toma”, se nos suele dar una bofetada en plena mejilla de nuestra inteligencia popular, escasa tal vez, pero humana inteligencia. Por ello desde tiempos de Franco, ya en plena dictadura, en tan señalado día para los que trabajan, los que necesitan o los que carecemos; se nos ofrecía por la TV la ceremonia de entrega, normalmente a un famoso que a su vez fuera pelota sin ambajes del régimen. Lo hicieron también los socialistas de Felipe y de Zapatero. Felipe aquel señor que amaba a Endesa desde siempre.

208385Pues bien, escribo estas líneas para quejarme, una vez más del premio de este año. La medalla al Mérito al Trabajo ha sido concedida a un chico que ha trabajado mucho, tanto mucho y tanto demasiado que hace tiempo que este chico está mal, mal de verdad. Observen sus labios apretados, los pómulos cada vez más salientes y esa considerable torcedura de labio inferior cuando trata de sonreír, forzosamente, siempre forzosa y forzadamente, porque este chico está mal de verdad. Ya sabemos que bajarse del pedestal de la gloria debe de ser duro, como dice García Márquez “de esa mierda que llaman gloria”, pero por favor que alguién le diga a Rafa Nadal que su hora ya pasó.

La prensa española sigue paseándole, como Cid, anunciando desde hace más de tres años que esta vez vuelve a por todas. No ven a ese chico de mirada baja y que empieza a asustar pues ya acostumbra a no mirar a su interlocutor, la sombra de un gran campeón que ha sido, pues déjenle en paz y no alimenten más ese discurso que empieza a dar pena. Es el síndrome de la gloria evaporada, una enfermedad que empieza a acechar a Fernando Alonso. Solo faltaba ese gran psiquiatra que es Mariano Rajoy acabando de alimentarle la enfermedad poniéndole más cámaras, más público y colocándole esa horrible medalla que llevan tantos pelotas a cuestas para vergüenza de los que sí trabajamos de verdad.

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