Mirar Iberia: Volver al abrazo de nuestro árbol santo.

Seguimos siendo hijos del árbol santo de Cereixo, o seus fillos, volvemos periódicamente y nos estremecemos en un abrazo con él, pero no se confundan, no se trata de autoayuda, ni de pensar que el árbol lee nuestro pensamiento ni nada de asanas de esas. No, simplemente tenemos una fe mágica como desde hace cientos de años la tienen los habitantes de la comarca de Soneira. Andaremos ya por el cuarto post que le dedicamos en ocho años y pocos meses. Nos gusta y sentimos su atracción en cuanto nos acercamos a esa querida comarca. A su sombra se han dirimido tantas cosas…menos mal que no habla. Santiago de Cereixo, ese noble nucleo que es puerto de ría acoge junto a su iglesia románica (S.XII-XIII) ese inmenso carballo. Le abrazamos pidiéndole se acuerde de nos y de vos. No nos defraudará. Les dejamos con un fragmento de Manolo Rivas dedicado al santo carballo de Cereixo:

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Fue Martín de Braga, un galo procedente de Bizancio, quien comunicó en forma canónica a los habitantes de Gallaecia en el siglo VI que los árboles no hablaban. Ni las piedras. Ni las fuentes. El predicador no era del país, así que los galaicos decidieron no contrariarlo en público, pero siguieron hablando con los árboles. Con algunos, en especial. Finalmente, como siempre, se llegó a un pacto. Los árboles, tal vez, quizá, podrían hablar, pero en cristiano. Son los llamados, en la tradición, árboles santos. En uno de los lugares mejor conservados de la ría de Camariñas está uno de estos árboles curativos. El carballo de Cereixo. Al lado de una hermosa iglesia románica, algo de santo debe tener porque el lugar se ha mantenido a salvo del desastre urbanístico. Ha sido un roble prolífico, el de Cereixo. Muchos de los robles de la comarca son hijos del árbol santo. Los vecinos de A Devesa y Carnés, en la comarca de Soneira, cuando iban a vender los frutos de la tierra a la feria de Ponte do Porto volvían con brotes del árbol santo. Entre las grandes plantaciones de eucaliptos y pinos. (Manuel Rivas el País 2006)

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