Yo no soy de ese París.

Lo siento, no se pueden imaginar cuanto, mi París, mi querido y mítico París…el que figura en mi memoria imborrable, los paseos por el Louvre, el encuentro con mi escriba sentado que me esperaba hacía seis mil años…el París ocupado por los alemanes y que mi madre visitó por razones de trabajo un día de huega general. Su narración de como los soldados alemanes les recogieron en París-Austerlitz y las trasladaron hasta el lujuoso Crillon. Todo eso habitaba en mí antes de llegar a París… Hasta que lo descubrí y es mi segundo rincón del mundo favorito.

8213963134_75fcacc6a6_bY luego Cortázar con su Maga, los exiliados de la guerra Civil, el cariño de Jesús Gil (alias de Pedro Masó) y su mujer. Han sido tres o cuatro viajes en medio siglo, pero la literatura nos ha hecho parisinos, algun dia nos extenderemos sobre ello. Pero hoy París es lo contrario de esa fiesta de Hemingway, es día de dolor, pues París ha sido un escenario más de la guerra Siria, o Líbia, o Yemení… pero justifico todo esto para decirles que detrás de esta imbecilidad asesina no nos juntemos a esa fila de idiotas que proclaman “Todos somos París”, no, ese es el mensaje de Rajoy, de Obama, de Merkel. Es la bazofia para hinchar el estómago moral de los que somos víctimas de la dictadura del dinero.

hotel_crillon¿Por qué ningún periodista, de los que vivirán largos días mojando pan sobre la sangre de París, le ha interpelado a Rajoy sobre qué empresas españolas venden armas al terrorismo?. En Europa la OTAN engorda de armas a los terroristas porque las fabrica y los emiratos árabes (Omán, Qatar, Bahrein, Arabia Saudí…) pagan el resto. Esos todo terrenos de 20.000 euros la unidad, esos sueldos de cientos de miles de terroristas que ocupan el Sahel, ese ejército prodigioso que se traslada a miles de Km en pocos días. Sí, esa es la gran mentira, hace cincuenta años se llamaba a los pobres a la guerra, a la trinchera, hoy no hace falta; pero cuando cae la muerte cae sobre ellos. Esto es una negociación: por eso Hollande no sufrió ningún desperfecto, solo un aviso, forma parte del negocio, una especie de “Mira lo que vamos a hacer si no…”. Por les conmino a apartarse de esa campaña imbécil, yo no quiero ser París, ni por asomo, pero toda mi solidariadad (que para nada sirve) con nuestros pobres homónimos franceses, un beso con lágrima y el deseo de que si algo explota sea en casa de los que trafican con las armas. Yo no soy ese París.

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