Después de darle un baldeo a nuestro noroeste…

Cumplidos los sueños de recorrer paisajes, de saborear trozos y huellas de esta tierra y volver a reobservar los espacios conocidos se antoja una sensación, pese a todo, de cierta plenitud. De que en Galicia, reiteradamente, el feísmo y tantos ismos dejaban muchas cosas a medias; tanto de las personas como de su realidad política o social. Eso fue algo que el chapapote ayudó a hacer visible. Se intuyen otras formas de hacer, un cambio político tímido y un afán creativo que contrastan con esa Galicia cerrada, minifúndica De actitud y desconfiada o de mala leche con el vecino por el mero hecho de serlo.

La Costa da Morte en concreto tiene aún muchas cosas: caciquillos socialistas y peperos, controladores de subvenciones y repartidores de dádivas miserables. No vayamos tan lejos, ese es fenómeno común a la tierra ibérica, pero complace ver que en esa zona, hace treinta años era imposible trazar un intercambio, una mínima manifestación política y hoy parece todo más abierto. Me alegra ese progreso humano que viene de la mano de muchas personas honradas, que las hay, como mis amigos en Ponte do Porto. Decididamente Galicia camina con ganas de sacudirse del tufo de botafumeiro y caciquismo local. Hay pruebas políticas y electorales de ello, pero se lo digo desde lo visto, oído y sentido.

 

 

Mirar Iberia: Volver al abrazo de nuestro árbol santo.

Seguimos siendo hijos del árbol santo de Cereixo, o seus fillos, volvemos periódicamente y nos estremecemos en un abrazo con él, pero no se confundan, no se trata de autoayuda, ni de pensar que el árbol lee nuestro pensamiento ni nada de asanas de esas. No, simplemente tenemos una fe mágica como desde hace cientos de años la tienen los habitantes de la comarca de Soneira. Andaremos ya por el cuarto post que le dedicamos en ocho años y pocos meses. Nos gusta y sentimos su atracción en cuanto nos acercamos a esa querida comarca. A su sombra se han dirimido tantas cosas…menos mal que no habla. Santiago de Cereixo, ese noble nucleo que es puerto de ría acoge junto a su iglesia románica (S.XII-XIII) ese inmenso carballo. Le abrazamos pidiéndole se acuerde de nos y de vos. No nos defraudará. Les dejamos con un fragmento de Manolo Rivas dedicado al santo carballo de Cereixo:

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Fue Martín de Braga, un galo procedente de Bizancio, quien comunicó en forma canónica a los habitantes de Gallaecia en el siglo VI que los árboles no hablaban. Ni las piedras. Ni las fuentes. El predicador no era del país, así que los galaicos decidieron no contrariarlo en público, pero siguieron hablando con los árboles. Con algunos, en especial. Finalmente, como siempre, se llegó a un pacto. Los árboles, tal vez, quizá, podrían hablar, pero en cristiano. Son los llamados, en la tradición, árboles santos. En uno de los lugares mejor conservados de la ría de Camariñas está uno de estos árboles curativos. El carballo de Cereixo. Al lado de una hermosa iglesia románica, algo de santo debe tener porque el lugar se ha mantenido a salvo del desastre urbanístico. Ha sido un roble prolífico, el de Cereixo. Muchos de los robles de la comarca son hijos del árbol santo. Los vecinos de A Devesa y Carnés, en la comarca de Soneira, cuando iban a vender los frutos de la tierra a la feria de Ponte do Porto volvían con brotes del árbol santo. Entre las grandes plantaciones de eucaliptos y pinos. (Manuel Rivas el País 2006)

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

 

Mirar Iberia: Puertos y gentes.

Los pueblos de la Costa da Morte abren sus brazos escarpados al Atlántico. Del mar vinieron muchas cosas, no todas buenas, pero durante siglos la orografia aisló a sus moradores a lo cual surge la siguiente pregunta: ¿Por qué habitaron esos difíciles e inhóspitos confines?. Las dominaciones medievales impulsaron a los primeros pobladores de nucléos como hoy son Camariñas o Muxía y más modestamente Camelle o Santa Mariña. En esos territorios la navegación no existió como actividad vital hasta mucho después. En los siglos de la Edad Moderna aparecieron las primeras y modestas actividades pesqueras. El XVIII y el XIX la pesca estalla por medio de los vascones que descubren que en la zona de la Costa da Morte es de paso de cetáceos. A los grandes animales les pasa lo mismo que a los barcos, la costa atrae, la corriente profunda del Atlántico mezclada con los temporales y vientos de noroeste ponen al alcance de los balleneros sus preciadas presas. Hasta los años 60 Masso mantuvo abierta la fábrica de procesamiento y despiece de cetáceos en Caneliñas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

El puerto hoy es también júbilo, puerta de salida y de entrada de pesqueros de casco de acero y eslora larga así como de arrastreros. En esa actividad que suele darse por la tarde se cruzan con los naseiros locales que salen al pulpo y a centollo o cualquiera de sus parientes. La tarde nos permite otear tripulaciones desde la escollera y les damos cumplidos saludos mientras los detenemos en la retina electrónica.

Dosinda nuevamente: la ficción y la vida.

Las cosas que paso a contarles ocurrieron en menos de 24 horas. Ya les hablamos a ustedes de la muerte de nuestra querida Dosinda. Ella hace ya años denunció al bar de debajo de su casa por no tener en condiciones la salida de humos, sin chimenea vamos. Dado que había ocho pisos el coste para el propietario fue elevado, pero la vida de los vecinos mejoró notablemente. Volvían a consumir sardinas, freían gambas sin miedo y sus noches no se veían adornadas del pésimo olor del escabeche requemado. El entonces propietario del bar la maldijo en distintas ocasiones todo y ser un educado tendero catalán leridano de CiU. Al día siguiente de morir Dosinda, a eso de media mañana de un sábado, me encontré a JM en la calle y le di la noticia, no sabía adonde mirar para disimular algo, un sentimiento que se me hace difícil de explicar; era como si no se alegrase pero daba la pinta de un interno “que se joda”.

Justo al mediodía siguiente los gritos de los vecinos, unas casas más allá, nos desvelaron de nuestro sábado. Efectivamente: una columna gigantesca de humo gris se alzaba por toda la manzana, nadie sabíamos de donde venía. Yo salí al terrado de la casa y dos fincas más allá vi que la humareda procedía de la inmensa mole metálica que Sanidad había obligado a colocar a los del bar como chimenea reclamada por Dosinda. Bajamos a la calle y no hubo víctimas, los bomberos vinieron raudos y se comentaba que se habían quemado los filtros de los extractores, otros decían que el bar iba mal y era un truco para sacar dinero del seguro. Y fue en ese momento cuando me acordé de Dosinda y de la importancia que tienen las lareiras en Galicia también como lugar mágico, donde los cuervos se calientan en lo alto de la chimenea mientras escuchan las conversaciones de los arrulados ante el fuego o como lugar de entrada de las ánimas en tránsito que pasan a comerse las migas de la cocina. Por ello se aconseja nunca barrerlas hasta la mañana siguiente. Me fui sonriendo para mis adentros y pensando que Dosinda había jorobado a sus antiguos opositores dándoles un susto de primera. Luego pensé que mi enfermedad literaria avanzaba de tal forma que parecía afortunadamente incurable, pero que me sumergía en un mundo distante de lo real preocupante. No pensé más en ello. Al cabo de dos días vi a JM a lo lejos, mostraba una ostensible cojera y se apoyaba en un bastón. Desde entonces, cada noche, no barro las migas de la cocina, quise a Dosinda en esta vida y en la otra también.

Todo es silencio . . . Graciñas Manolo Rivas.

“No pretendo hacer una novela documental sobre el narcotráfico ni una obra histórica; se trata de ficción aunque, como decía Virginia Wolf, una ficción que como una tela de araña, está prendida en todos sus extremos a la realidad” Manuel Rivas.

En este libro de Manuel Rivas no hallaremos una acción novelesca centrada en el narcotráfico al uso, suele enfocarse el tema orientado en la acción de los grandes capos. Siempre los solemos hallar montados en el dólar, las fastuosidades y la dilapidación. No es el caso en “Todo es silencio”. Rivas desde su poética habitual nos lleva a las raíces de Brétema, ese pueblo de la costa gallega donde sitúa la obra. En Brétema nos traza un paisaje propio, en especial un paisanaje humano acompañado de una naturaleza siempre dependiente de como el mar se mueve. El mar que arroja mareas insospechadas, de naranjas, de ataúdes, de maniquís. Tal como suele suceder en la Costa da Morte o en las Rías Baixas. Por eso siempre se vive mirando al mar. Tal vez viviendo el concepto celiano: “Al mar nunca hay que darle la espalda”. De ese entorno surge la vida jodida de sus habitantes: la pesca, el marisqueo, las cuatro cosillas del campo, la subsistencia.

En un angulo de ese fresco crece la figura de El Mariscal, un capo de pueblo, más capo si cabe, todavía. Y alli la vida sigue a ritmo de paseo, de trabajo, de muerte, de recuerdos. Y ese fresco cobra vida con sus distintos personajes. No hay estallidos, lentamente vienen las cosas. El paso de la pesca con explosivos al contrabando de tabaco, el de tabaco al de la coca, pero todo fluye en paralelo a unas vidas que si ya eran poco sencillas se complican con las implicaciones que ello conlleva. Los dineros repentinos cambian la forma de vivir de algunos, pero hay algo que lo preside todo: la complicación progresiva. El destino de Leda, Fins y Brinco está marcado por la sombra odiosa y fascinante del omnipresente Mariscal, el dueño de casi todo.

Una delicia literaria para amantes de la costa gallega y un quasi testimonio, tierno, sobre las gentes de la costa, un daguerrotipo de la Galicia que emigró pero que no olvidó a los suyos. La escuela de indianos del pueblo de Brétema es una escuela abandonada, desvencijada que aún conserva rasgos de su esplendor y es la llama viva de cuánto llegaron a valorar la cultura y la educación quienes después de años en América triunfaron dinerariamente. En la novela es un lugar mágico y real donde ocurren muchas cosas. Sin duda un gran testimonio de lo que en Galicia llegó a ser el narcotráfico. No es que ahora no lo haya, pero la operación Nécora fue un golpe durísimo que rompió a los clanes junto con el fortísimo movimiento social de las madres de las numerosas víctimas que fueron quienes rompieron, descerrajaron, el silencio de la fuerza, la coerción y el nepotismo. Pero por encima de esas consideraciones, tal vez poco objetivas, es una novela dulce sobre algo muy duro: el secuestro de la vida en vida, la muerte de la alegría en la juventud y como el silencio trepa por los muros de los sentidos atenazando a quien ose oponerse. Podemos afirmar que en esta novela Rivas nos ha llevado a la trastienda humana del fenómeno. Gracias por explicarnos como se rompió el silencio.

Sobre las madres del movimiento Érguete rcomendamos este post