Gadafi: El muñeco cosido a balazos y las mentiras de la Europa oficial.

Todavía me sorprendo cuando oigo a severísimos contertulios quejándose de las lamentables escenas de linchamiento de Gadafi. ¿Qué esperan de una guerra?, ¿Qué se espera del fin de un dictador?. Tal vez no han tenido ocasión de ver estos interminables meses las atrocidades de la guerra de Libia, las mismas atrocidades que las de cualquier guerra del mundo desde el principio de la humanidad. Aquello que golpeaban y humillaban era el muñeco inextinguible, hasta ayer, que causó lo que todos sabemos: la ruina del país y la fortuna de su familia. Claro que eso estará por ver. Al regimén del coronel hay que atribuirle algunas cualidades como las de las grandes obras públicas para la llegada del agua a cualquier punto. Por el contrario esa gran red de canales que cruzan el país obligó a la movilización, casi destierro forzoso, de miles de ganaderos que se encontraron en terrenos delimitados y de escaso valor agropecuario. La trayectoria del dictador es curiosa, de monstruo socialista a amigo de Francia, lo comentamos no hace mucho en els Ous.

Condenado por la masacre de Lockerbie se resarce con líderes conservadores como Bush o Aznar que le tienden la mano a cambio de dinero, contactos y negocios. Luego nos preguntaremos qué puede haber pasado para que un buen día la OTAN se levante y decida ayudar a los insurgentes, de cuyo lado estamos, con una batería de material militar y recursos impresionante. Ayer el ministro francés, Gerard Longuet, auguraba un monto aproximado de más de trescientos veinte millones de euros como coste, hasta el momento, de la operación. Sarkozy se lanzó en tromba: existen razones. Gadafi había pactado con China un ingente programa de construcción de comunicaciones y las petroleras francesas, al igual que las inglesas vieron un peligro para sus propósitos de futuro inminente. Lo demás ya lo saben: la Europa desválida ante las agencias financieras, la Europa rendida al capital se “volvía revolucionaria” y paladines de la democracia en forma de bombas y aviones “ayudaron” a la falsa liberación del pueblo libio. El mosaico del país es casi tan complejo como el de Irak, si bien los condicionantes religiosos son algo menores, el factor tribal será un condicionante durísimo para restablecer un equilibrio legislativo y de poder. Pero ya saben, las guerras crean mercado, habrá que reconstruir el pesebre destrozado y en eso las multinacionales y las empresas armamentísticas tienen la mano rota. Al margen de ello cada vez que cae un palacio de invierno, cada octubre parecido al de 1917 abro una botella de alegría, díganme anticuado, no lo puedo evitar; solo lamento que los chavales, entonces lo eramos, que sufrimos el franquismo y su represión no le pudimos dar su merecido final a muchos muñecos de la dictadura española. Sin duda los mismos que el 20N brindarán por la vuelta de la contrarreforma.

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