Desde mi arteria obstruida

Salgo a la calle y los clones de la bolsa roja me rodean. Pasan del 1,84 m , las gafas italianas, el nokia en la mano y una mueca esforzada de andar poco a poco, conteniendo una prisa, amagando un pálpito. Se dirigen a su congreso,forzadamente tibetanos y como haciendo ver por no ir a ninguna parte, pero pisarian al cabroncete que les quitara el asiento. Uno, acostumbrado a la fauna ferial con la que el alcalde albinoide llenó Barcelona no se extraña. No obstante hay algo de cruzada seria, forzada, sesuda, en este congreso de cardiólogos que inunda la ciudad y sus medios. Tienen exclusivas: “Estuvimos en las arterias del hijo de fumadora”, “Camina diez minutos y quemarás diez cacahuetes”, “Medicación tres en uno para infartados”.

Salgo a tirar los periódicos al contenedor y no me atrevo a sacar el tabaco del bolsillo. Me miran, estan comiendo ensaladas, agua y manzanas. Fuerzo el paso, és más sano. Justo al girar la esquina descubro un bar donde los huevos campan recargados de tocino y se huele a tabaco, calamares de cuerpo presente viajan al reino de la lujuria acompañados de ajitos y perejil. Entro, pido una caña y enciendo un marlboro, veo gente arrugada por la nicotina, como mi derecho a voto, no nos decimos nada, las metropolis son así. Al girar la cabeza descubro una mesa de cardiólogos disidentes o hipocráticos dando cuenta de comida aceitosa, snacks y una soberbia sangria. Es como descubrir a tu padre con la criada.

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