El reincidente

Disimula oyendo la conversación en la barra, husmea la tinta del periódico vecino, contiene la resabia de espumarajos que se le abalanzan en el paladar del sentido común. A tientas enciende un cigarro que consume mientras simula interés por el Telediario y segrega cera mental para tapar aquellos oídos que no se merecen lo que en ellos retumba. No lo puede evitar y casi con un alivio vital suelta un “Bah” casi suspirado.

De repente el silencio es real, se gira, la barra le mira, le mira mal, bastante mal y a fe que daría algo para fundirse. Estaban hablando de elecciones, él no participaba, pero su “Bah” ha puesto en marcha las meninges de la leche cortada. Ha sido descubierto : otro de los que no van a votar, otro de los escépticos, otro de tantas otredades de las que se le abalanzan en forma de comentario : Dictadura, democracia, lo que ha costado poder votar, si no participas no pidas, apolíticos . . . el hombre trata de defender su condición de ciudadano que no la mete, la papeleta, pero que no le incapacita para la opinión política, la pasión de participar opinando. Viendo sus caras ha comprendido que aquello no es ni participación, ni debate, ni nada, teme ser moralmente linchado , perseguido . . . lanza la moneda de un euro y justo al alcanzar la puerta es espetado de forma cruel por una viuda de militar: ” ¡ Indecente ! “. Sonríe ya en la calle y grita abriendo los brazos bajo la lluvia:” ¡ REINCIDENTEEEEEEEEEE ! ” y se siente como el lobo (un relato recomendable).

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