Antonio Gamoneda: “Ardemos en palabras incomprensibles”

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Arden las pérdidas. Ya ardían

en la cabeza de mi madre. Antes

ardió la verdad y ardió

también mi pensamiento. Ahora

mi pasión es la indiferencia.

Escucho en la madera dientes invisibles.

Antonio Gamoneda

Reciente Premio Cervantes, de ayer, y también el mismo día premio Reina Sofia de Poesía Iberoamericana. Los galardones no le acaban de sentar cómo a muchos. Gamoneda, ovetense que reside desde siempre en León vivió la faz asturiana de la guerra, del dolor. Hay poco verbo, entre los poetas vivientes españoles tan preciso y realista a la hora de describir el dolor, el paso del tiempo y las pérdidas. La infancia, la família, la guerra, la madre. Pero Gamoneda no centra su mirada escrita en el paisaje global, se surte de los detalles, las aparentes nimiedades de los objetos, las sombras, los chasquidos, los olores para barruntar una aceptación tácita del dolor acompañado del tañer del reloj y del alma.

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“…Estamos solos entre dos negaciones como huesos abandonados

a los perros que nunca llegarán.

Va a entrar el día en la habitación calcinada. Ha sido inútil

la sutura negra.

Queda un placer: ardemos

en palabras incomprensibles.”

Antonio Gamoneda

La obra de Gamoneda ha sufrido siempre del calificativo de pesimista, lo es en parte pero debemos destacar que el autor habla de esa necesidad pesimista en tanto que constancia de un tiempo dejado atrás y cuya forma de verse no puede ser muy altruista para la memoria, en cuanto a lecturas “Arden las pérdidas” es un ejercicio impresionante de concreción que en tres líneas construyen un verbo e imagen impactante. Desde José Angel Valente no hemos hallado palabras tan gráficas. Valente es alma hacia fuera y Gamoneda bien podría ser externalizar lo que el “afuera” dejo. Otra lectura excelente y más cercana a la guerra vivida desde su infancia es “El libro del frío”, en excelente y cuidad edición de Siruela. Algo lírico e intimista:

La memoria es mortal. Algunas tardes, Billie Holiday pone

su rosa enferma en mis oídos.

Algunas tardes me sorprendo

lejos de mí, llorando.

Antonio Gamoneda

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