La vida misma

El osito de Tous llora en el pessebre del Bages.

moda3.jpgUna urbanización del frío Bages en el centro de Catalunya. Unos tipos saltando la verja. Un vigilante de seguridad dando la alarma, los tipos que vuelven a saltar la verja, un coche llega precipitadamente, se coloca a la altura del coche asaltante, baja la ventanilla; no pregunta la gasolinera más cercana, ni la hora: encañona en  un segundo y descerraja cinco disparos al depósito de sesos de presunto ladrón. Es así de sencillo. El cazador es detenido, regenta una empresa de seguridad, tenía antecedentes por contrabando pero era el nuevo yerno de los joyeros Tous. El destino le puso una empresa de seguridad, debía ser algo que iba con su perfil, no sabemos donde hizo el máster de vigilancia, pero era el jefe.

Desde el Ous hemos rastreado nuestras corresponsalías voluntarias en el Bages. De ahí sacamos: se conocían asaltantes y defensor, había lios de dinero y bragas de por medio. «Yo te facilito un golpe, pero te tiendo una trampa y me salvo del chantaje y me ahorro pasta y nombre». Pero Juncada nos lo afirma desde la lucidez de su palillo entre un sol y sombra, atardece en Navà s: «Estaban obsesionados con la seguridad, pero luego coges el Vogue y sale un catálogo de las joyas que tienen en su casa, a los kosovares no les hagas propaganda, se lo apuntan».

La manifestación de estómagos agradecidos y pijos es muy del Bages. Juncada me invita a otro café: «Esto es una colmena de pasta, pero toda la miel es para ellos, nunca entrarás ahí, se lo reparten se  entre seis familias del cor de Catalunya. La cosa está chunga, los otros no llevaban armas, se dispara a quemaropa, ya se pueden pillar un buen abogado y un CSI porque los otros no son mancos alquilando bufetes.» El yerno de los Tous está en el talego, le regalaron un juguete de seguridad y lo escacharró a la primera. Ahora los ositos lloran en el pessebre, San José lleva un piercing y pone las bolas a recaudo en un bolsito de la casa, donde ha quedado todo: en casa. El osito come hiel, la miel huele a pólvora.

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