El desprecio como derecho político

La semana se cierra con una duda falsa: ¿Quién ganó el debate? En la calle ya está muy claro: ganó el del partido de cada uno. Aqui nunca pierde nadie. Lo lamentable es que todo el mundo tiene claro que es una payasada, una farsa robótica, que no se escuchan, que hablan para sus votantes, que no se recoge el argumento y se desmenuza. Es un reflejo del mundo en el que viven los demócratas que creen que tal condición se adquiere por ejercer el derecho a voto.

Si hacemos la transposición a otros órdenes de la vida encontraremos la explicación a muchas cosas: la violencia machista desatada que no cesa y practicada en forma de inhibición también por quienes la condenan, el bonito ejercicio de defraudar lo que se pueda en negro mientras se pide cárcel para los Albertos, la acusación de corrupción casi perpetua a cualquier alcalde pero “mira de colocar a mi hijo en paro”, ese 40% que va de putas y condena a los/las inmigrantes y se muestra partidario de la familia monozigótica y los derechos de la mujer, achacar al informe PISA y al estado aquello que los padres hace tiempo dejaron de cuidar . . .  ¿Porque vamos ahora a hacer leña de la política, los partidos y la “fiesta de la democracia”, sí aqui hay brasas a diario ?

Pues sí, es la coherencia de la democracia: todos sabemos de la hipocresia social que es un antídoto contra la solidaridad y la caridad verdadera. El paradigma es la verdadera dictadura que pretenden ejercer los partidos de derechas y de izquierdas con su moralina de la participación y el voto sobre quienes, libremente, lo lanzamos a la papelera.

Hoy mismo una vecina me ha dado un lápiz, un folleto y un punto de libro de Ciutadans, partido con representación parlamentaria en Cataluña y excluido del debate de cabezas de lista en TV3. En el lápiz se lee: “Válido para escribir en catalán y en castellano”. Incluso en la propaganda nos dan órdenes, valideces y lenguas autorizadas. Y todavia no pintan nada ! Ni con ese lápiz.

Me adhiero a la demanda de Gregorio Morán en La Vanguardia de hace siete días:

“Yo le sugiero algo muy sencillo y sin ningún futuro. El efecto le durará apenas una noche, la que sigue a los resultados electorales. No vaya a votar. Ni siquiera se mueva. Castígueles con su desprecio. Le puedo asegurar que como ciudadano no va a variar en nada su vida si gana uno u otro, todo lo más sufrirá viendo la cara de Zaplana, no muy diferente a la de Blanco o al revés…… Por eso el desprecio debería ir tomando categoría de derecho político.

Nos faltan aún formas de manifestarlo, pero esta ocasión viene como regalada, porque nada es tan obvio como explicar que los intereses que unen a Zapatero con Rajoy, y a Carod con Acebes, son un vínculo mucho más poderoso que sus obligaciones con nosotros”

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