El hombre de la gabardina ha vuelto a casa, y no es 18 de julio, ojo Mariano.

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Los cuchilos vuelan en el PP. El estilo es el de “Váyase señor Rajoy”, acoso de COPE, portada de El Mundo, editorial dominical de Pedro J. Ramírez y bravata de barrio a la puerta de actos con boato. Hay dos españas en el PP: la de Madrid, fuerte y dispuesta a todo, pasemos revista sin ponernos firmes: AVT, manifestaciones con mala leche, asamblea de Madrid con Aguirre accediendo con la compra de dos tránsfugas y el apoyo ladrillero, Aznar y su extraña familia, Acebes y Mitjavilla como militantes de organizaciones ortodoxas derechistas religiosas, suelo público de gorra para colegios privados concertados, campaña antimonárquica continuada . .
Los otros no se han hecho la foto de Azores, campan en sus comunidades y alcaldias, pero aparecen como mayoría que apoya a Mariano. Camps, nada manco pues cargarse a Zaplana no se improvisa en un “Quítame allá esos votos”, llevar la F1, la copa Amèrica y potenciar espléndidamente la comunidad lo ha hecho de sobras. Murcia, Castilla-La Mancha, Andalucía, Galicia con Nuñez Feijoo. En la periferia están hartitos de los veintiseis de Madrid, provincias se mosquea, pero . . .

 

La batallita está servida cada día aparece un nuevo muñeco mediático con la cantinela. El desgaste es evidente, solo una pregunta queda en el aire: ¿Quién es el hombre de la gabardina que hace de ventrilocuo de esa crisis? Sí, el hombre de la gabardina, mítico en la transición por su aparición apistolada en Montejurra, asustador de rojos en tiempos de transición, papus de muchos democratillos de entonces y pasmo de izquierdosos. Casi un mito sexual y de poder: “¿Qué puede llevar debajo?”. En mi barrio hay uno. Era y es un facha redomado. El 18 de Julio de cada año se paseaba vestido de azul falangista con botas hasta la rodilla y bandera incluída. Tenía suscripción a las etiquetas de whisky escocés, a medida que pasaban los años agrietaba su hígado, parecía un tipo digno de callejeros pero con una educación que olía a Cesar Imperator y brazo alzado. Aún hoy muchos vecinos lo recuerdan con sorna, el otro día en la peluquería. Me callé, pero el de la gabardina, el numerero, el industrial, había alojado en su casa, aquí al lado, a los autores materiales del atentado llamado la matanza de Bolonia, así lo publicó Cambio16 en los 80. Guárdense ustedes de los gabardinas que tienen por ahí. Espero que estas líneas sirvan para que Mariano Rajoy o sus compinches, los que le queden, se cuiden porque esta vez el de la gabardina va a por ellos y no hay nada peor que en casa del ahorcado se olviden de la palabra “soga” o que el médico pruebe el ricino que asegura tan bueno para otros.

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