Nieblas en los congelados, si vas al supermercado, cariño, no te retrases.

Uno de los lugares de proveerse de vida material suele ser el supermercado. Ustedes, como todos, compran, escogen y si tienen tiempo comparan y salen con el nombre de Solbes rechinando entre dientes: “Como se ha puesto todo”. Esa sería nuestra lectura común. Si tienen tiempo y siempre suelen repetir local se darán cuenta, que como en todo, lo material no es esencial. Aquello que deambula entre los estantes es gente, supuestamente personas. Por repetición horaria podemos coincidir con algunos de esos cuerpos. Hay miradas, “disculpe” en voz baja al acabar de atropellarte con el carrito, manos nerviosas que crispan los botes de maíz y los precipitan al suelo, niños maleducados y obsesivos pidiendo huevos de chocolate, abuelitas señalando con el bastón: “Joven hace el favor, aquel bote de tomate”. El corrillo de reponedores a punto de declarar una huelga que siempre nace muerta o la cajera que agrede por el micrófono a su compañera que ha ido a cambiar compresa, se entrelaza con la pareja homo que duda ante las ensaladas. Nunca falta una señora o caballero dispuesto a subirse la ropa para mostrar al respetable la cicatriz del último byepass junto al bacalao congelado.


Todos son nuestros figurantes, los que forman parte del pesebre doméstico, y nosotros parte de él también. Para mi ese puede ser un encanto o un fastidio, segun me pille el día. Pero no quiero ni imaginar que pasaría si un peligro colosal nos retuviera allá dentro por unas o muchas horas, qué podríamos compartir más que el miedo ante lo inexorable y el fin que se hallaría a las puertas de dilapidarnos con carnalidad y ferocía. No sbemos si partió de reflexiones parecidas, pero si lo dudan o en sueños ni se lo imaginaron les recomiendo la película “La niebla” de Frank Darabont basada en la novela original “The Mist” de Stephen King. Hay algún monstruo, sale en los trailers. Paparruchada absoluta si lo comparamos con los que se han quedado dentro, con los cuerpos, con las personas de las que nadie lo hubiera dicho. Algunos sugieren una metáfora sencilla y tratan de ver en ella una secuela simbólica de los EEUU despues del 11-S. Pero francamente, lo que más asusta es pensar que nos pase algo parecido en nuestro supermercado habitual, aqui mismo, da igual en Carrefour, Mercadona o Eroski.

La niebla incierta es la interior, aquella por la que navegamos reconociendo levemente las formas del paisaje afectivo y de los monstruos que acechan, la que nos filosofó Unamuno, la que despega de los vados húmedos del lacrimal y asciende impulsada por los instintos más primarios, la que nos nubla la mirada y nos obliga a escuchar el lamento anímico. Vete a saber como será la niebla de los otros, a veces los encuentro en la mía.

4 comentarios en «Nieblas en los congelados, si vas al supermercado, cariño, no te retrases.»

  • el 4 junio 2008 a las 11:23 pm
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    Yo sólo compro por Mercadona Online.
    De hecho, al repartidor le dejo la puerta abierta y desde el comedor le indico dónde dejar las cosas.

    Entre el Santamaría, el Losantos y el Bekaa, ya no vuelvo a salir a la calle…

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  • el 5 junio 2008 a las 7:34 am
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    También hay psicópatas a domicilio …. pero pelillos a la mar hombre !
    Déjate de Santamarias pronto llega als Ous Savarin !!

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  • el 6 junio 2008 a las 8:27 pm
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    Yo combino el eroski de cornellà , digno de hacer un estudio antropológico y el filipino del barrio..lo que me guta de éste último , además de ques se trata de gente amabilissssisma, es que todavía puedo bajar en pijama si se me ha olvidado algo…eso no tiene precio 😉

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