La vida misma

Diario de un excedente (2): La paella de la esquina.

Vuelvo al barrio despues de una semana lejos, emulando paseantes y respirando bien. La vaquería que hay debajo de mi casa y que ha adquirido una simpática familia china ha diversificado su oferta y tienta, al que se quiera envenenar, con una paella de plástico que huele de lejos a Avecrem, no ofrece en su lista el precio de la «Special», denominación poco levantina y que tal vez tenga un recubrimiento de melamima, perdón quise decir melanina, extra. Los veo muy buena gente, tanto a las nueve de la mañana como de la noche, la señora pace sentada en un rincón con su portátil. Por la mañana hace solitarios entre cortado y «coltado». Por la noche se deleita con peliculas de su tierra que su ordenador reproduce a excelente calidad.

Pero si algo me ha superado estos días, en los que lejos de la red me he abocado a la prensa de papiros, ha sido la excepcional influencia de los Bosé en el grupo Prisa. El domingo pasado presentación en el dominical del nuevo disco de Bimba. Ala, un nuevo genio en alza que casa con un momento en el que la chica ya no da las medidas de Cibeles, pues le gusta demasiado el huevo frito con pimientos. Pero como tiene genes, dicen, para eso, pues toma disco.

Hoy domingo la última página de El País nos vuelve a deleitar con una ocurrente entrevista con la muchacharra de la familia en la cual dice que ha tenido que llamar al carpintero para ampliar su armario de zapatos pues, cual Imelda Marcos, le encantan esas piezas que le impiden tocar de pies en el suelo. Ya sé  que son  los Bosé, no solamente una excelente marca de altavoces, sino estirpe con raigambre mediática, que tampoco son tan pijos como los pintan, que no solamente la abuela se queja de que la Junta de Extremadura no le ha subvencionado su museo de ángeles y que Miguel cansa un poquín; pero es que deben de ser los Soprano del Martini seco sin aceituna ,porque no hay periodista que se resista a contar sus cosillas.
La noche urbana ya ha caído de lleno cuando bajo a dar un garbeo ando sin ton pero con son, sigo pensando en paseantes letrados y en escritores ágrafos que los parieron. Pero no aparto de mi mente que mañana, otra vez en el periódico, me asalten los Bosé.

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