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Diario de un excedente (4): El bosque llama.

No se me ocure nada más que parapetarme tras el ventanal. Otoño acude a su cita vestido de tormenta imprevista, desgarra rayos y hace amagos de un invierno que se aventará en diciembre. La lluvia no siempre es una buena ocasión para reflexionar, ni lo pretendo. Pero mientras busco un tema para ustedes me sobrevienen demasiados y me pierdo en el bosque otoñal mentado por Néstor Luján cuando cita la tradición germánica para referirnos el mundo de los gnomos…

Dice el sabio Néstor que la reina de los gnomos pasea entre los bosques acompañada de su corte azulada y gnómica. Anda su séquito atareado en conducir a la monarca de las interioridades de la foresta. Describe un trono de marfil y a la reina portadora de tres naranjas de oro como ofrenda. Se recomienda al paseante pronunciar a su paso una frase inaudible de halago. En caso de ver una pequeña luz el signo es inequivoco: es la reina que corresponde agradeciendo la alabanza. Los buenos alemanes, de la Westfalia, aseguran que cuando las tres pequeñas luces han desaparecido de nuestra vista es conveniente mirar a nuestros pies donde suele aparecer una moneda de oro que el mayordomo, magnificente, ha lanzado a cambio de la frase.

Hans Albert Blumel, suizo, escribió dos tratados sobre los hongos y de tanto rondar por los bosques aseveraba conocer a un pueblo de gnomos. Según él son paganos, es un pueblo sin mujeres y eternamente son el mismo número. Blumel avanza la cifra de 7.007. La primera descripción escrita sobre los gnomos como espíritus fundamentales de la tierra se halla en «De Nimphis» de Paracelso (Philippus Theophrastus Aureolus Bombastus von Hohenheim) notable alquimista e inventor de la palabra gnomo. El Oxford English Dictionary sugiere que se trata de una elipsis (Geo/homus) habitante de la tierra o hombre de la tierra.

Como ven el otoño tiene misterios espléndidos que nos sugieren un paseo por el bosque al atardecer, tal vez menos placentero que en primavera o verano, pero sin duda intenso por el incendio botánico de los hongos y el bajobosque humedecido, entre hojas ya muertas, animalillos huidizos. Misterio y belleza, en el fondo supongo que quería hablarles de esto. Y aunque la ventana me ofrece desolación urbana me sonrió pensando que pronto iré al encuentro del bosque.

(Información extraída del libro «Mites, Llegendes i creences» de Néstor Luján Editado por Avui en 1996)

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